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25/03/2020

Slow Fashion. Una elección de vida

El concepto “Slow fashion” apareció en el 2007. Fue acuñado en Londres por Kate Fletcher, diseñadora y profesora de sostenibilidad, como contracara y en respuesta al “Fast fashion”, fenómeno que, para esa fecha, estaba exacerbando a su máxima expresión con el éxito creciente de cadenas masivas de tendencias inmediatas. ¿Moda? ¿Propósito? ¿Quiénes son los referentes en Argentina? En esta nota, cuatro diseñadoras comparten su visión y sus propuestas en un momento que exige cambios en todo sentido. El consumo es uno de ellos.

Slow Fashion

Slow Fashion

En sus comienzos el Slow Fashion no tuvo gran repercusión e impacto, hasta que en 2013 sucedió la tragedia de Rana Plaza. Fue derrumbe de un edificio en Bangladesh que no cumplía con las medidas básicas de seguridad y en el cual se fabricaban prendas de manera industrial. Este accidente provocó la muerte de más de 1.100 personas y un saldo de miles de heridos. La noticia recorrió el mundo y rápidamente surgieron varios movimientos, entre otros el Fashion revolution. Tanto la moda sostenible como el Slow fashion tomaron auge a partir de este grave acontecimiento porque los consumidores, conscientes de la situación, comenzaron a cuestionar quién, dónde y en qué condiciones laborales se han fabricado las prendas.

La definición del concepto fue mutando con los años y evolucionando, por lo que a veces se dificulta definirlo. Por ese motivo, muchos deciden definirlo a través de oposición, de lo que no es, es la antítesis del Fast Fashion. “Para mí es mucho más que eso, es un estilo y una elección de vida”, sostiene Agustina dos Santos Claro, creadora de la marca U+1. “El Slow Fashion ralentiza el ritmo de compras y consumo para hacer las preguntas profundas (difíciles); es una opción de estilo de vida natural; es consciente y atento; es más atemporal que moderna; tiene una visión a largo plazo en oposición a la vista rápida a corto plazo; se trata de calidad en lugar de cantidad, prendas que pueden durar años o incluso toda la vida; tiene un propósito y es intencional; es holística y considera todo el ciclo de vida del producto; es sostenible y no considera los productos como desechables; es ética y analiza las conexiones entre las cosas: materias primas, medio ambiente, trabajo humano”.

Casaldelrey

Para Gabriela Casal de Rey, creadora de Casalderey, “slow fashion no es lo mismo que moda sustentable. Es lo contrario a la moda industrializada o Fast fashion. Es una manera de acercarse a la moda ofreciendo al público prendas de comercio justo con cadena de valor, produciendo con el menor impacto negativo sobre el medio ambiente, promoviendo la transparencia de los procesos de producción e introduciendo la trazabilidad de las prendas. Una colección de prendas Slow, por lo general, está hecha a mano con materiales durables, la producción es muy pequeña y se confeccionan en condiciones sumamente amigables”.

Mientras que, Valentina Mander, diseñadora de joyas, exclama: “Es moda ética, responsable con el medio ambiente, con las personas que intervienen en cada paso de la producción. Evita la apropiación cultural y las tendencias inmediatas. Son productos de calidad que durarán en el tiempo”. En sintonía, Jessica Pullo, creadora de Biótico, expresa: “Promueve valores en la industria de la moda como buena calidad, cuidado y respeto al ambiente y a las personas, en los materiales, los tintes y la producción responsable, libre de explotación laboral, tanto en la obtención de la materia prima como en la confección”.

Cuando empezas a definir al slow fashion como una elección de vida, hace que dejes de pensar en el simplemente como una tendencia o algo que está de moda y que es pasajero”, dice Agustina dos Santos Claro. “Eso hace que no tenga fecha de caducidad”.

Valentina Mander

Argentina en tiempos de Slow Fashion

“En la Argentina todavía no se habla mucho de Slow Fashion y muchas personas no saben realmente que es, hay mucha desinformación, además existen conceptos que se mezclan o confunden. Aun así, hay mas preocupación por lo que se compra o el detrás de las marcas que hace unos años atrás”, plantea la creadora de U+1 . “El consumidor quiere saber y quiere involucrarse, en el proceso, porque ya la compra no pasa tanto por el producto en sí, sino por la experiencia del usuario. Hay un cambio en la forma de consumir, el proceso es mas humano, mas personal y directo, existe un vinculo más cercando, entre el diseñador, el producto y el comprador”.

Aun así, sigue, “la desinformación hace que el consumidor no entienda que este tipo de productos es mas caro, esto lleva a una frustración a la hora de comprar. Las personas ven los precios de los productos sustentables y éticos, y su primera reacción es ‘es muy caro’ Esas reacciones son lógicas, están acostumbrados a productos producidos en masa a bajo costo. Todo se centra en la educación, es preferible ahorrar o invertir en un producto mas caro pero que sea atemporal y duradero, que productos mucho mas económicos pero cuyo ciclo de vida es corto por la calidad que tienen”.

La coyuntura no ayuda en este sentido. “Dada la situación económica del país y la enorme crisis del sector este movimiento de la moda sustentable se ve ralentizado”, destaca Gabriela Casal de Rey. “Por suerte tenemos algunas marcas, diseñadores, educadores, comunicadores de tendencias y organizaciones con fuertes convicciones, quienes ayudan en la construcción de un pensar colectivo comprometido con el comercio justo”.

Según Mander, el consumidor latinoamericano aún está tratando de incorporarlo y no lo tienen como exigencia a diferencia de otras latitudes, pero sí es un tema que escuchamos cada día más en medios y esto ayuda a difundir qué es y tomar conciencia al momento de elegir qué consumir. “De hecho, en América Latina se ve cómo el movimiento se une a la identidad local y, en muchos casos, con ejemplos exitosos de economía circular”, plantea. Mientras que Pullo manifiesta: “Los diseñadores necesitamos que las personas nos acompañen para que juntos podamos reescribir la historia de la moda”.

U+1

Un cambio necesario y urgente

“En CASALDEREY buscamos diferenciarnos con productos de gran valor agregado, con una mayor calidad y, por ende, durabilidad extendida. Trabajamos con un fuerte enfoque en satisfacer a un target sumamente específico y exigente, que busca la exclusividad de las prendas confeccionadas a mano y muchas veces a medida. Somos una estructura muy chica que trabaja de forma transparente, valorando a la gente, la creatividad, con respeto y amor por lo que hacemos en colaboración con artistas y artesanos de diversas disciplinas que enriquecen el proceso de diseño, logrando que cada prenda sea única para cada cliente. Vestir una prenda CASALDEREY es entender y valorar estos principios”, remarca su creadora.

“Los emprendimientos como BIOTICO que nacimos sostenibles, estamos contagiando a los nuevos para que se sumen a este movimiento; el gran desafío lo tienen las grandes marcas que practican la moda rápida; entiendo lo difícil que es cambiar el modelo productivo, pero les recomiendo que nos sumen a sus propuestas, quizás comenzando con una cápsula. El cambio es entre todos y ayudarnos mutuamente nos va a permitir lograr la transformación de la moda que necesita el mundo”, sentencia su creadora. “El mundo tiene que entender que la transformación es urgente. No podemos seguir comprando prendas hechas bajo condiciones de explotación laboral ni a costa de contaminar el ambiente, en especial el agua potable del planeta”.

Biotico

“El consumo no pasa ya por el comprar por comprar, o mas es mas. Hay una necesidad por desacelerar, por pensar antes de consumir, y ahí entramos nosotros, para ofrecer ese cambio”, postula Agustina. “A su vez, creo que como creativos tenemos que repensar constantemente cómo ofrecer productos que cumplan con las expectativas y demandas de este nuevo tipo de necesidades. Mi forma de pensar a la hora de diseñar y también de comunicar esta continuamente mutando, cambiando y adaptándose. Hoy estoy focalizada en ofrecer productos que tengan versatilidad, y enseñarles a mis consumidores, cómo una prenda la pueden combinar de múltiples maneras, para poder adaptarla a diversos escenarios y contextos”, concluye.

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