Melina Masnatta

Melina es emprendedora social en temas de Educación y Tecnología con perspectiva de género. Licenciada en Ciencias de la Educación de la Universidad de Buenos Aires con diploma de honor, y Magíster y Especialista en Tecnología Educativa de la misma Universidad, graduada con mención especial por su tesis. Investigadora, pero también Maestra Nacional de Danzas Clásicas. Por su trabajo recibió reconocimientos internacionales por parte de la Universidad de Georgetown, Schusterman Foundation, UPWARD y Tällberg Foundation. La lista sigue, pero tal vez por lo que muchos más la conocemos es por haber co-fundado Chicas en Tecnología, una organización sin fines de lucro que forma, motiva y acompaña a adolescentes mujeres a desarrollarse en el ecosistema emprendedor tecnológico. 

De hecho, acaba de ser reconocida por Beiersdorf por su visión, liderazgo y estrategia de innovación sustentable a través de la CET para que mujeres adolescentes de la región puedan acceder a oportunidades de formación, herramientas y recursos educativos de calidad en un año marcado por las medidas de prevención y aislamiento a causa del COVID-19. Beiersdorf es una red internacional que apoya con fondos a emprendedores sociales de África, Asia y América del Sur que crean soluciones concretas de alcance sistémico. Esta vez, eligió a Melina como una de las 5 personas, y la única en América Latina. 

Mucho se ha hablado de cómo la pandemia ha incrementado las desigualdades sociales, en términos de accesibilidad, pero poco sobre las brechas de género que ha incrementado ¿cuál es tu visión al respecto?

Según los organismos internacionales, la agenda de género va a tener un impacto de 15 años. En pandemia, el grupo más afectado son las mujeres. 

Si hacemos un doble click y vemos qué hacen las mujeres con la tecnología, vemos que se incrementan las brechas de género. Las mujeres en general usan las redes sociales con un fin de comunicación, mientras que en hombres suelen utilizarla para trabajar, para informarse, para potenciar y mejorar otras habilidades y prácticas digitales.

¿Crees que la tecnología se ha ido adaptando a la evolución social? ¿En qué sentido?

La tecnología es un medio que a veces facilita, a veces entorpece y otras genera la necesidad de un cambio radical. 

¿Cuál es la clave para despertar interés en la programación y en la robótica por parte de los chicos, los jóvenes, y sobre todo de las mujeres? 

Hay que poner a las personas en el centro como usuarios y preguntarles qué necesitan, qué les gustaría cambiar y cómo a partir de ahí pueden pensar a la tecnología. 

Hoy se necesitan programadores, pero mañana se van a necesitar filósofos y filósofas que puedan pensar en los dilemas éticos que puedan tener las inteligencias artificiales.

¿Cómo podemos hacer como sociedad, como mujeres, para recuperar el rol que la mujer históricamente ha tenido en tecnología? ¿Vamos por buen camino? ¿Es suficiente lo que hacemos como comunicadoras? ¿Como educadoras?

Las mujeres seguimos respondiendo a patrones culturales que son muy fuertes y complejos, en una cultura machista, regionalmente con esa perspectiva. 

Como comunicadores tenemos que hacer otras preguntas para que quien programe tenga en cuenta eso. El paradigma más grande del cambio de la tecnología es la curiosidad, el aprendizaje constante, el construir y conversar con otras personas, entender una comunidad “gocal”, global y local a la vez.

Las pantallas son espejos aumentados, nos vienen a mostrar lo que está bien y lo que está mal, pero de una manera exponencial. Necesitamos desarmar eso.  

Aprendemos a través de modelos, pero esos modelos tienen que ser personas que están cerca, no modelos de la televisión por ejemplo. Acá tenemos que hacer un cambio de mindset grande. 

¿De quién es la responsabilidad para que eso suceda? ¿Qué rol podrían tener las mujeres en esto?

En cuanto a responsabilidades es un trabajo sistémico, se necesitan leyes, que los trabajos promuevan esto, que las identidades y los caminos de las familias también lo impulsen, que las personas que comunican empiecen a mostrar estos roles modelos. El problema se originó de manera sistémica. Las mujeres dejamos de ocupar esos espacios porque empezaron a escuchar frases limitantes como “esto no es para vos”. Tenemos que estar atentas porque la tecnología es el espacio donde se definen todo eso que se hace en otros ámbitos entonces estamos perdiendo un espacio de poder muy importante. 

¿Cómo ha impactado la pandemia en nuestros hábitos? ¿Qué rescatás como positivo? ¿Qué no? 

Le perdimos el miedo a lo digital. Empezamos a ver un poco más criteriosamente a la tecnología que usamos todo el tiempo.

¿Se abren nuevas oportunidades a partir de lo vivido en 2020 para las mujeres y el ámbito tecnológico? ¿Cómo se puede aprovechar eso? ¿Hay espacio para el optimismo?

La tecnología tiene que ser un espacio donde se escuchen las voces, donde se sientan representadas, y que respondan a necesidades reales, concretas y presenciales. En eso soy optimista.Hay un espacio para repensarnos como sociedad. 

Lee, escuchá y disfrutá la nota completa en la edición #141.