:: PERSONAJES
18/03/2019

Juan Cruz Adrogué. Con la pasión en la nieve.

Nació en Buenos Aires, pero la vida lo fue direccionando hacia aquello que le apasionaba desde muy chico: el ski. Y si bien es una industria compleja, sobre todo en un país como argentina, donde el frío dura muy poco en el año, "cuando algo me gusta, me genera pasión, no miro el desafío que implica", asegura. Este año, Chapelco fue reconocido por los World Ski Awards como la mejor estación de esquí del país por tercer año. Sin embargo, el mayor reconocimiento fue para Juan Cruz, quien recibió el premio más alto y prestigioso de la industria de la nieve a nivel mundial. La academia de los World Ski Awards le otorgó un reconocimiento especial por su monumental contribución al turismo de esquí. "Yo creo que les llamó la atención la garra, la fuerza, las inversiones que le puse a Chapelco, en un país como el nuestro, donde no es tan común", dice el empresario. "Fue muy lindo, por más que uno no se la crea, es un mimo al alma".

Juan Cruz Adrogué

Juan Cruz Adrogué

Con estos reconocimientos a cuestas, el responsable de Nieves del Chapelco se anima a seguir soñando y concretando cada uno de los proyectos por los que viene luchando e invirtiendo en los últimos años. Uno es la Aldea de Montaña. “Es lo que le falta a Chapelco, la experiencia de despertarte en una aldea en la montaña, que salgas de tu casa con un metro de nieve y puedas salir y llegar esquiando desde las pistas”. Si todo va bien, este año será aprobado y para 2021 el cerro contará con esta iniciativa, pionera para Argentina, que promete, no solo cumplirle el sueño a Juan Cruz, sino también atraer a miles de turistas y generar nuevas fuentes de ingreso para San Martín de los Andes.

Contame un poco de vos, ¿cómo te formaste, cómo llegaste a Chapelco?
Nací en San Isidro hace 53 años. Estudié  primero en el Marín, después en el Colegio Nacional de San Isidro en la secundaria y me recibí de abogado en la Universidad Católica. Empecé a trabajar en el mundo financiero, pero a los años, por esas cosas de la vida, terminé teniendo una empresa de papel en Jujuy y fui creciendo en la industria. En el 2007, el presidente de Eidico, me acercó la posibilidad de comprar las acciones de Nieves del Chapelco.

Era un momento complicado porque la política estaba en contra y todos me decían que no entre porque no nos iban a respetar el contrato. Sin embargo, yo, movido por la pasión más que por un negocio o la racionalidad,- soy un fanático del ski de toda la vida-, entré y compramos. Desde entonces, pasaron muchos años, fuimos creciendo, compramos dos medios de elevación nuevos e hicimos de todo, siempre, movidos por la pasión. El negocio de la nieve no es un negocio en sí en ninguna parte del mundo. En Estados Unidos se resiste más porque hay un poco más de frío, pero en Europa no lo es. Allí, generalmente es una industria que la mantienen las municipalidades o las comunas y en Estados Unidos el real state. En Argentina, que no pasa ninguna de esas dos cosas, es complicado. Pero es una pasión y así fue que entré y llegamos a este momento.

¿Cuándo eras chico ibas a esquiar?
Sí. Toda la vida fui a Chapelco con un montón de primos y hermanos, todos los años, desde bastante chico. Tenía unos recuerdos lindísimos por eso no lo pensé mucho cuando llegó la propuesta y me metí de lleno, con el corazón.

¿Qué sentiste cuando te llegó la noticia del premio? ¿Lo esperabas? ¿Trabajaste en algún punto para eso?
No, absolutamente. Yo siempre sueño con que Chapelco sea un centro de ski comparable a los de Europa o Estados Unidos, pero para competir con uno mismo. Lo que más me sorprendió fue el premio personal Outstanding Contribution to Ski Industry que dicen que es un premio mundial que se lo dan a una persona y la verdad que estaba totalmente shockeado cuando me dijeron que teníamos que ir a Austria a recibirlo. Fue muy lindo, un momento que por más que uno no se lo crea, es un mimo al alma, está bueno.

Contame más sobre ese premio ¿en qué se basa?
Los World Ski Awards son un premio de una Academia que se dedica a dar reconocimientos a varias industrias: a los mejores centros de ski de cada país; a los mejores centros de ski del mundo y a la industria del turismo de ski. Además, se premia personalmente a una persona que a lo largo de su vida haya hecho una contribución sobresaliente al mundo del ski. Las estatuillas anteriores fueron recibidas por hombres muy importantes de Francia, Austria, Suiza, Canadá y Japón. Hoy tengo el gran honor de ser yo quien la recibe, ahí mismo, en la cuna del ski alpino.

¿Qué acciones crees que te llevaron a llegar a tener ese premio? ¿Qué fue lo que vos hiciste o qué sentís que le dejaste vos al cerro?
Yo creo que lo que hice fue algo con una pasión que no tenía nombre, no miro los desafíos de las cosas que me gustan. Hay gente que me dice: no puedo creer cómo seguís luchando con el desarrollo de la aldea de montaña que estaba prevista en el contrato de concesión de hace 20 años. Yo siempre tuve ese sueño y tuve la posibilidad de tener herramientas para luchar por él. Más que nada les llamó la atención la garra, la fuerza, las inversiones que yo le puse, en un país como el nuestro dónde no es tan común. Es medio injusto porque a las otras empresas donde trabajo no le pongo las mismas ganas ni la inversión que le pongo a Chapelco, (risas).

Esto pone la vara mucho más alto a lo que es el centro de ski.
Absolutamente. A mí personalmente me da una exigencia total. Está bueno que pasen estas cosas, porque son el empuje para más. Si bien los ciclos de la Argentina son complicados, esto te pone la vara mucho más alta y acepto los desafíos.

De cara al 2019 ¿va a haber algún cambio, algo nuevo dentro del centro de ski?
Es un año en donde se cumplirá mi sueño: la aldea de montaña, que está por entrar en Legislatura.

¿Cuáles son las expectativas de eso? ¿De acá a cuánto tiempo se puede hacer?
Depende de los permisos. Si se tienen todos los permisos para 2019, que es lo que esperamos, creo que al año siguiente entramos en las obras y para 2021 podríamos tener algo en la montaña. Lo que le falta a Chapelco es la experiencia de despertarte en una aldea en la montaña, que salgas de tu casa con un metro de nieve y puedas salir y llegar esquiando desde las pistas. Es un poco lo que hay en Europa y lo que la gente busca también. Esto sería pionero dentro de Argentina.

Sos un tendencioso.
Si, cabeza dura. En realidad, es un proyecto viejo y está plasmado en el contrato de concesión original de hace 20 años, ya estaba planeado e imaginado, pero no se iban haciendo las inversiones y no se podía hacer realidad. Hubo que luchar mucho y todavía falta la última pequeña batalla que es en la Legislatura de la Provincia de Neuquén.

Respecto a todos los desarrollos tecnológicos que vos fuiste implementando en los últimos años, a nivel negocio ¿sentís que toda esa inversión sirvió o todavía falta?
La operación del ski no es un negocio per se, pero sí hace que sea sustentable desde el punto de vista económico, además del punto de vista ambiental. Hoy en día el mundo está tan conectado que te vas a esquiar a Estados Unidos o Europa. Si no tenemos las cosas de primera, es muy fácil perder a la gente. El negocio no ha crecido, pero lo hemos podido mantener. Y esto es mucho, hoy en día es tan fácil ir a esquiar a Europa o a Estados Unidos, hay mucho argentino que va a esquiar allá y la gente te compara con eso. Es por esto que uno tiene que estar a la altura de esos centros de ski. La inversión y la tecnología que pusimos en el centro nos ha ayudado a mantener, que la gente siga queriendo venir, nos siga eligiendo. Con respecto a los otros centros de ski, hemos crecido un 3 o 4% que, en esta industria tan chiquita es un montón. Sobre todo, teniendo en cuenta que es una actividad para apasionados, no necesariamente un negocio.

¿Qué es lo que más te apasiona del ski? ¿Qué te pasa cuando estás allá o practicas el deporte?
A mí me da una sensación distinta porque, como hablaba anoche con mis hijos, tener la posibilidad de ser el administrador o propietario de un centro de ski así es como que ni en mis mejores sueños se me cruzaba por la cabeza cuando era chico. De grande te cambian las cosas porque tenes más obligaciones, tenes mucha gente que trabaja y todo un pueblo que, de alguna manera, vive de eso, entonces tenes sensaciones encontradas. Cuando me voy a esquiar tengo que setear mi cabeza de alguna manera porque ahí tengo presiones, miro todo, no dejo de laburar.  Igualmente, lo disfrutas, pero de una forma distinta.

¿Cuánta gente tenes trabajando en temporada?
En temporada hay 500 personas.

¿Todas de la zona o va gente de Buenos Aires?
Va gente de Buenos Aires también, pero la mayoría es gente de la zona, más del 90%. Nosotros en total tenemos más de mil empleados que cuando las épocas son difíciles te estresas, pero cuando son buenas te da la satisfacción de ver las cosas que se hacen.

Cuando tomaste la concesión estaba media tirada para abajo.
Totalmente. Los últimos cuatro concesionarios habían perdido plata, lo habían abandonado, lo tuvo una cooperativa del pueblo y se fundió. Todos perdieron plata y todos salieron mal. Los primeros años fueron difíciles, pero ahora la gente está contenta.

Ojalá que sigan los premios y siga el crecimiento, que la gente siga esquiando.
Sí. Como dije el otro día en el premio de Austria, ¡nunca dejen de soñar y nunca dejen de esquiar!


Fotos: Sol Abadi

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