Una niña con un lápiz
Una niña no tiene casi nada: solo un lápiz.
Tiene, entonces, casi todo.
Casi todo lo que se pueda imaginar.
(Editorial Limonero 2021)
¿Alguna vez pensaron cómo llenar el vacío que genera una hoja en blanco? ¿Probaron con un lápiz? ¿Y con la imaginación? De eso va, «Una niña con un lápiz», de Editorial Limonero.
Federico Levin nació en Rosario, en 1982. Escribió y publicó novelas (entre ellas una trilogía gastro-policial), cuentos, poesía y ensayos. Dio talleres (compost de escritura, taller de escritura impublicable, entre otros), escribe guiones de series y canciones que canta con su banda Levin Hnxs.

¿Cómo surgió «Una niña con un lápiz»?
Surgió como una historia para calmar (o distraer, en realidad) un llanto desconsolado y sin causa aparente de mi hija menor. Recurrí a los elementos que estaban alrededor: una hoja en blanco, un lápiz negro y, finalmente, la aparición providencial de mi hija mayor.
¿Cómo fue el proceso de trabajo en conjunto con Nicolás a medida que avanzaba el cuento?
Primero mandé el cuento a la editorial Limonero, ellos buscaron al ilustrador indicado (lo encontraron) y nos pusieron en contacto. Conversamos tres o cuatro veces por zoom, el me mostró bocetos, yo le comenté mis sensaciones, fuimos poniendo en común ciertos aspectos del “espíritu” del cuento. Fue un diálogo muy provechoso y profundo, que creo que se observa en el resultado final.
¿Por qué te inclinaste por la literatura infantil? ¿Qué te ofrece a diferencia de la escritura para adultos?
En principio, por mi paternidad, o más bien por mis hijas, para escribir con ellas y para ellas. Primero me conecté buscando y leyendo los libros que compartimos por las noches; de ahí pasé, con naturalidad, a escribirlos. Son textos que me permiten un trabajo más reconcentrado en el detalle, en la artesanía, por su menor extensión, y porque los pienso para ser leídos en voz alta. Y me permite vincularme con un género subestimado por los sacerdotes de la literatura, lo cual es siempre un grato desafío. Lejos de la mirada de los sacerdotes es un buen lugar para estar.

Desde tu visión, y en un momento donde lo digital gana protagonismo, el lápiz es el gran protagonista de esta historia, el dibujo a mano alzada, ¿es una crítica a las pantallas?
No, para nada. Las pantallas son una gran fuente de felicidad narrativa. No creo que compita con el lápiz. No debería. O podría no hacerlo.
¿Qué poder puede llegar a tener un lápiz en los niños y las niñas?
Depende cada niña y cada niño. Lo cual parece querer decir: el poder de la búsqueda personal, la singularidad.
¿Cuál es el límite de la imaginación?
No lo sé.
¿Cómo se podría traducir eso a la de un escritor? ¿Qué poder puede llegar a tener con la palabra?
Potencialmente, podría transformar cierta zona de la realidad, al menos la propia y la del lector, en el mejor de los casos.

¿Cómo es hoy tu proceso creativo? ¿Ha evolucionado a lo largo de tu carrera?
Hay historias o personajes o frases que “se me ocurren” en algún momento; después evolucionan en la oscuridad, como en un compost. Cada tanto miro la compostera, saco algo a la luz, y ahí empieza el trabajo más, digamos, voluntario. Una vez empezada esa etapa, cada proyecto, con su estilo, va construyendo su proceso.
¿Qué análisis haces de la literatura actual de nuestro país?
No tengo ningún análisis lo suficientemente profundo como para que valga la pena ser dicho.
¿Cuál fue el último libro que leíste?
«El sueño de la aldea Ding», de Yan Lianke.

Nicolás Lassalle, por su parte, nació en Buenos Aires y se formó en talleres con artistas como Julio Jáuregui, Carlos Campos y Cristian Turdera, entre otros. Sus trabajos fueron publicados en libros, diarios y revistas de Argentina, Brasil, Estados Unidos e Inglaterra. Además, trabaja en proyectos de animación para cine, televisión y publicidad. Una niña con un lápiz es su primer libro álbum.
¿Cómo fue el proceso de trabajo en conjunto con Federico a medida que avanzaba el cuento?
Con Sede tuvimos algunos encuentros al principio y luego al final del proceso. Tuve muchísima libertad para trabajar de la manera que yo quisiera realmente, tanto por parte de la Editorial como por Sede, que su comentarios siempre fueron hiper constructivos y muy respetuosos. Sucedió también que enseguida tuvimos muy buena química y había un montón de cuestiones de nuestras realidades y nuestras formas de ver un montón de cosas que hicieron que conectáramos enseguida y creo que fluyó todo muy naturalmente.
¿Qué rol tiene la ilustración en este cuento?
Creo que al ser un libro álbum que tiene como característica que el texto y la ilustración tienen la misma importancia, lo que sucede es que hay un lenguaje que es el texto, un lenguaje que es la imagen y hay un tercer lenguaje que se genera a partir de la sinergia que se produce de la conexión entre ambos, esa es otra forma, un tercer lenguaje como te decía.

¿Y su rol en la literatura infantil en general?
En la literatura infantil lo que hace la ilustración es invitar y llamar la atención desde lo visual para adentrarse en la historia. Creo que la ilustración cada vez tiene una relevancia mayor, en otros momentos era simplemente descriptiva del texto y hoy tiene el ilustrador un rol más de autor, está dando su propia voz más allá de la voz del escritor.
¿Cómo incide la literatura infantil en la creatividad de un niño?
Lo que pienso es que el proceso de aprender a representar una idea y el proceso de aprender a expresar lo que tenemos dentro es dibujar y ahí está la mayor importancia del dibujo como acción. Relacionándolo con la creatividad, es uno de los tantos ejercicios que podemos hacer para que nuestra creatividad se desarrolle. Metafóricamente creo que la creatividad es como un músculo, si lo ejercitamos se desarrolla y si no lo hacemos, de a poco se va deteriorando.
¿Cómo se da el proceso de representar una idea?
La fase del proceso de aprender a representar una idea o aprender a expresar lo que tenemos dentro ya es dibujar, es del ilustrado puño, pero creo que define lo que está diciendo. Ahí está la importancia del dibujo como un acto de expresión, de reflexión y sobre todo de disfrute del proceso sin importar tanto el resultado. Es una hermosa manera de fomentar la creatividad, de desarrollarla y de disfrutar en ese proceso.



