:: COLUMNA
14/07/2017

Sónar Barcelona 2017. Lo que dejó el cierre

Llegó el sábado. Es habitual que el último día de fiesta se agrupen las apuestas más fuertes en cuanto a popularidad y convocatoria. Curiosamente, mi “lista de imperdibles” se resumía proporcionalmente al aumento de estos indicadores. Pero tampoco se agotó.

Crónica segunda parte por Maximiliano Cuenca Echarte para Revista G7.

Crónica segunda parte por Maximiliano Cuenca Echarte para Revista G7.

Una de las apuestas más fuertes de este año en cuanto a DJs fue la presentación en formato Back to Back, de Seth Troxler & Tiga. Dos DJs que gozan distintos grados de influencia de las llamadas Segunda y Tercera Ola de productores de Detroit y Chicago. La apuesta era fuerte como animadores de Sonar Car durante las seis últimas horas de Sónar 2017.
Lo hicieron con la energía y potencia sonora en clave de Tecno, House, Electro y Acid en sus versiones más empáticas. Sónar Car colmado, agradeció la sinergia entre ambos DJs bailando toda la noche sin parar.
Seth Troxler es todo un personaje de la escena Tecno global. En los últimos 10 años ha evolucionado meteóricamente hasta convertirse en el referente indiscutido que es hoy. Tiene una interesante historia detrás, un perfil crítico que expone abiertamente frente a variaciones más “comerciales” de la música de baile y vínculos insospechados con Argentina.

Pero mi misión continuaba y no podía quedarme toda la noche de fiesta con Seth Troxler & Tiga. Además, quedaban asignaturas pendientes en mi camino crítico. Como la impresionante presentación de Carl Craig en primicia mundial, con su nueva banda “Versus Synthesizer Ensemble”. Una constelación de cuatro tecladistas con sintetizadores analógicos distribuidos en diagonal a ambos lados del escenario, formaban un triángulo en cuyo vértice, elevado unos metros sobre el resto estaba el comandante Carl Craig, que hacía de director de orquesta, manejando la percusión electrónica, las mezclas y demás artilugios. Mientras tanto, con un piano de cola tipo concierto, tocaba Francesco Tristano.
El concierto se basó en la descomposición de los temas más icónicos del repertorio tecnófilo de Carl Craig para su reconstrucción en vivo por cuenta de su orquesta post moderna. El resultado fue increíble. Un verdadero tour galáctico, guiado por ese gen melódico tan característico del sonido de Detroit, que oscila entre la melancolía y la desesperación desde una visión estética netamente minimalista. Sonidos híper-electrónicos matizados por brillantes intervenciones de piano en las manos de Tristiano, quien demostró una profunda sensibilidad melódica y una notable destreza estilística. Cuando el estado de plenitud fue generalizado, estallaron las baterías electrónicas desde la cabina de mando central. Entonces la fiesta fue absoluta. Para mí, lo mejor de Sónar 2017.

Descubrimientos
Escenarios como Sónar Complex llaman la atención por su propia concepción, una especie de cine o teatro. Un espacio cerrado con espectacular sistema de sonido, aire acondicionado y recursos técnicos para las propuestas visuales y auditivas más experimentales, innovadoras y vanguardistas del festival. Es ahí donde se mantiene vivo el espíritu del Sónar original.
Este año de lo más que me sucedió fue el descubrimiento de un gran músico de origen vasco, Aitor Etxebarria, también conocido como El_Txef_A, músico, compositor y productor de origen clásico que se ha visto seducido por la potencia creativa de la electrónica y la tecnología de producción musical.
En esta ocasión tuve la oportunidad de disfrutar su concierto basado en la música que compuso para un documental que se estrena este año: “Guernika.Markak” de Hannot Mitengia. El documental trata sobre la vivencia del pueblo vasco y el impacto de los brutales bombardeos de la Luftwaffe ordenados por el dictador Franco en el año 1937. A 80 años de la tragedia, se estrena este documental cuya música fusiona brillantemente las posibilidades de la electrónica y la orquesta sinfónica.

Otro descubrimiento interesante fue un espectáculo multimedia: Entropy. Un viaje desde los orígenes del universo, representado en distintos planos de pantallas traslúcidas sobre el escenario, mientras la astrónoma y cosmóloga Dra. Dida Markiovich iba relatando, los principios fundamentales de la física que explican la génesis de todo lo que conocemos.
El viaje era representado en una línea de tiempo que se iba ajustando en escala, a medida que se dividían los átomos de helio, se expandía el universo y se formaban estrellas, galaxias, planetas y agujeros negros. Musicalmente se ilustraba cada transición son la maestría técnica y artística del dúo Dooplereffekt. Los músicos enfrentados, cada uno con sus máquinas en los extremos del escenario, para que ciencia, arte y tecnología configuren esta experiencia inolvidable.

Algunas cosas mágicas también pasan en Sónar sólo con llegar temprano y tuve la suerte de descubrir actuaciones como la del argentino Juan Ingaramo en Sonar XS, escenario dedicado a jóvenes artistas y sonidos emergentes. El joven cordobés logró sorprenderme con su carisma escénico, sus bases electrónicas y la cadencia urbana a la vez que espiritual de su voz. También pude conocer al artista catalán Pau Cabruja, mejor conocido como Pauk, que recibió a los tempraneros con sus secuencias multi-capas de sintetizador modular y utilizando una plataforma de control bastante original que se llama Monome.

Otra banda catalana que me sorprendió fue Animic. Presentaban su nuevo álbum “Skin”. Sorpresa desde mi ignorancia, porque parece que la banda tiene un largo historial y una masa envidiable de seguidores aquí mismo en su tierra natal. Como sea, un hallazgo. Tardío pero feliz y oportuno para compartir con ustedes. Estoy seguro que entre los lectores, aquellos que sepan disfrutar del sonido híbrido entre el rock, el pop y los sintetizadores, partiendo de una visión oscura como plataforma de exploración, agradecerán el dato.
Referencias como Joy Division, New Order, Aphex Twin, Radiohead, The Cure, Depeche Mode, Nitzzer Ebb o Front 242 iban y venían en mi cabeza mientras intentaba trazar una línea de influencias que hayan hecho posible semejante banda. Los iniciados en estos registros podrán descubrir por sí mismos en Anímic, esa genética que comparten con las bandas que menciono. Pero sin renunciar a una identidad propia y estimulante.

Seguí paseando y enseguida llegué al vecino escenario Sonar XS. Otra linda sorpresa fue descubrir a una banda Española que se llama Oblique, que según me contó un amigo catalán, contaba con la compañía de un invitado: Carlos Bayona.
Oblique & Carlos Bayona sonaban con temas propios en una especie de parodia o revival de los años 80s. En la puesta, se veía intervenido el logo de Sónar, donde cambiaron el 2017 por 1986. Vestimenta al tono y sobre todo un sonido electrónico, sintético y analógico con el que descubrían nuevas formas de expresar la retórica más ochentosa del pop sintético. Lo hacían con gracia, con elegancia pero sobre todo con mucho amor. Ese amor melancólico por los gloriosos años 80s sonaba más retro-futurista que a revisionismo. En gran medida gracias a que los arreglos, la composición y las canciones están conceptualizados desde una visión netamente contemporánea.

Una de cal y una de arena
El balance del festival en su vigésimo cuarta edición es súper positiva. De todo lo vivido me quedo con lo mejor que es lo que les acabo de relatar. Pero también debo mencionar que fue un poco decepcionante para mí la presentación de De La Soul, una banda fundacional para gran parte del pop, hip hop, R&B y rap de mediados de los ochentas hasta bien pasados los 90s.
Hace años no tocaban y volvieron al ruedo en Sónar. Fui a verlos con altas expectativas pero desde mi punto de vista, creo que no estuvieron lo suficientemente preparados, o quizás no tuvieron una buena noche. Por suerte están sus discos que son geniales, su inmensa influencia en la música contemporánea y sus ganas de volver que seguramente los llevarán a mejores puertos en futuras presentaciones.

Otros que me sorprendieron, pero en este caso gratamente, fueron los franceses Justice. Una de las apuestas fuertes del festival por convocatoria y popularidad pero a los que yo tengo un poco fuera del radar porque personalmente, no me atrapan con su postura y sonido tan convenientes. Pero debo decir que solo pasar por Sónar Club, el escenario principal de la noche; era darse cuenta que algo especial estaba pasando. La pista de baile estaba encendida de entusiasmo y comunión gracias a un público masivamente entregado a la banda, que demostró estar a la altura de las circunstancias con un show compacto y energizante.
Sonaban poderosos y aunque no lograron seducirme desde lo musical, la constelación entre profesionalismo, potencia sonora, conexión con el público e intensidad de la performance; sí que lo hicieron. Así que chapeu con los Justice.

El año que viene Sónar cumple 25 años. Se esperan grandes sorpresas. Intentaré estar ahí y con suerte, poder contárselos nuevamente por acá y por todos los canales de comunicación que G7 pone a disposición para llegar hasta ustedes.

 

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