:: PERSONAJES
11/01/2017

Pablo Trapero. El sueño del pibe

"La gente quiere ver otra cosa”, le decían a Pablo Trapero a los 28 años, antes de Mundo Grúa, su ópera prima estrenada y premiada en la primera edición del BAFICI y en el Festival de Venecia, en 1999. Pero también después de Mundo Grúa. Y hasta hoy -con 45 años y casi una decena de películas filmadas- la frase insiste. En un país donde pareciera que la gente siempre quiere ver otra cosa, por suerte, no sabemos a ciencia cierta quién es “la gente”.

Pablo Trapero

Pablo Trapero

Miraba la cantidad de premios y pensaba que tu carrera fue paso a paso y fuiste muy afortunado desde el comienzo…
Sí, muy afortunado. Y me llevó varios años procesarlo. No sólo a nivel personal, porque pude vivir de esto, sino porque cuando hice Mundo Grúa casi no se hacían películas acá, o tenían presupuestos imposibles. Entonces fue importante también para muchos estudiantes que querían hacer películas como yo en ese momento. Y la siguen mostrando en escuelas y hasta en Polonia… ¡o Corea! [Risas]. Porque era todo lo opuesto a lo que debía ser una película comercial, a lo que te dicen cuando estudiás, o los productores o distribuidores, después. Para mí fue realmente como el sueño del pibe.

Tras el gran éxito de El Clan, ¿en qué estás trabajando ahora?
En varios proyectos, que son para hacer en distintos lados y que están en diferentes etapas: algunos más cerca de iniciar el rodaje, otros en etapa de desarrollo de guión, y otros, en un proceso intermedio de corrección de guión. Siempre tuve un proyecto aquí y otro afuera, pero ahora está un poco más diversificada la cosa: estoy escribiendo una película para hacer acá en Argentina, sigo promocionando El Clan, que se sigue estrenando afuera y entonces viajo, y tengo algunos proyectos para hacer afuera también, donde tengo un agente hace muchos años. Es mucha la demanda. Pero es parte del aprendizaje también, ir atravesando proyectos que tengan desafíos en distintos sentidos: el tema, el tono de la película, los actores con los que voy a trabajar, el tipo de historia. El Clan por ejemplo, fue mi primera película de época y para mí fue todo un desafío. Hacía muchos años que quería trabajar con Guillermo (Francella), pero me llevó tiempo encontrar un proyecto que sintiera que pudiera ser bueno para él. Lo mismo con Ricardo (Darín) en Carancho. En cada una de mis películas los mundos a los que quiero entrar cada vez son más desconocidos, entonces el desafío se renueva.

¿Y cómo está tu cabeza con tanta cosa?
Bueno, esta es la peor etapa, la que disfruto menos, y creo que le pasa igual a cualquier director: cuando tu película anterior empieza a darte más espacio y la siguiente todavía no está en marcha. Aunque por suerte los proyectos están sólidos y son buenos. ¡Lo que me gusta es estar haciendo películas! ¡Ya quiero estar filmando!

Estás trabajando sobre otra historia real en torno a los Rockefeller para Hollywood ¿cierto?
Sí, es uno de los proyectos que está más cerca de ser filmado porque estamos en la última etapa de guión. Es un proyecto increíble, tiene cierta afinidad con El Clan, un caso muy absurdo y casi surrealista. Es la historia de un tipo que durante ocho años de su vida se hizo pasar por un miembro de la familia Rockefeller pero no es que lo hizo en un bar o en la calle, no: se casó con una mujer, tuvieron una hija… y años después, producto de la separación, cuando viene el problema de la tenencia él se escapa con la hija, lo que virtualmente lo convierte en un secuestro. Y a partir de que lo empiezan a buscar e investigar para recuperarla, descubren que no sólo no era un Rockefeller, sino que además había tenido otras dos personalidades y con una de ellas había matado a dos personas. Hoy está preso con cadena perpetua.

¿Ya tenés actores en mente para ese rol? ¿Va a haber casting allá?
Sí. Habrá casting. Como es un caso muy conocido y bastante reciente, es muy atractivo para un actor, porque además de los nombres, eran tres personajes distintos que interpretaba. No sólo era el falso Rockefeller, sino también un tipo que decía que era parte de la realeza inglesa y hablaba con acento british; y después, un Broker de Wall Street. El caso es espectacular. Entonces pasa que son los actores los que llaman porque quieren hacer el personaje. Todavía no sabemos quién lo va a hacer.

Pero me imagino que tenés algunos favoritos en mente…
Sí, hay unos favoritos muy buenos, que todavía no se pueden decir. [Risas].

¿Qué significa Hollywood para un cineasta que viene de La Matanza?
Yo no tengo un prejuicio ni a favor ni en contra de Hollywood. Es un lugar donde la gente va a hacer películas. Muchos de mis directores favoritos hicieron sus mejores películas allá: Billy Wilder, Chaplin, Ford, Huston, Hitchcock… la lista es infinita. El prejuicio que tengo es con las películas malas que se hacen en Hollywood, ¡que son un montón! [Risas]. A veces, hasta la mayoría. Y eso genera como esa sensación de que el cine que se hace ahí no es del todo bueno, pero la historia del cine de cada país es medio parecida. La diferencia es que la gran maquinaria que significa hacer una película en inglés, hace que eso se vea mucho más claramente fuera de Estados Unidos. De hecho muchas de las películas que llamamos “de Hollywood” ocurren en otros países.

Dijiste que necesitás saber para qué actor escribís, es decir que siempre hay un vínculo previo con ellos…
Sí, y además por más ganas que vos tengas de trabajar con alguien o por más confianza que tenga el actor, tiene que tener alguna noción de qué mundo va a explorar. Y eso es parte de lo que más disfruto, la relación con los actores. Y prácticamente con todos los que he trabajado luego continuó una relación, que se convirtió en amistad con los años. Me gusta mucho ese mundo. Y claro, vivo y estoy casado con Martina (Gusmán) hace un montón de años, tenemos hijos, y la admiro como actriz.

En muchas de tus películas conviven actores profesionales y no actores, ¿fue difícil desde la dirección?
No, porque venía de esa experiencia de entre “actor” y “profe de teatro”. Cuando tomo esas decisiones me gusta pensar -y esto está muy de manifiesto en El Clan- que todos en la vida real interpretamos personajes distintos durante un mismo día. Uno no habla ni se comporta igual con todos. Y eso ayuda mucho a los no actores a entender cómo es actuar, a darles esa seguridad y que entiendan que tienen las herramientas naturalmente. Obviamente, hay que tener cierta plasticidad y está el talento natural que tenga cada uno. Pero con actores muy formados también pasa que están en el set, y por mal humor o porque hace calor, o las luces no se qué, o les molesta el micrófono, a veces les cuesta concentrarse. Y por ahí son tipos que hicieron 25 películas. Los que no son actores llegan y el micrófono les da lo mismo, el calor que le da en los faroles les parece pintoresco. O la típica: la película transcurre en invierno y hace 30 grados de calor en el set. El actor que hace muchas películas dice: “No, por favor, no me pongas la campera”. Y al tipo que nunca actuó le parece gracioso. Los extras de El Clan estaban chochos con eso, se sacaban fotos y las subían a instagram [risas]. Ese encuentro de mundos da resultados que están buenos.


Fotos: Fabián Laghi

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