Maus, una forma de arte legítima

El artista decidió contar la historia a través de un medio tan frecuentemente subestimado y hasta vilipendiado como la historieta y eligió como género el “Funny Animals”(segundo más exitoso desde el punto de vista económico detrás del superoheroico) y lo fusionó con la no-ficción. Logró así la génesis de una obra impactante: un relato de supervivencia por partida doble (la de las víctimas y sus herederos), de heridas profundas e incurables, de desesperanza en un marco de crueldad deshumanizante de proporciones infernales que también es una gran representación del amor, de la familia y de la culpa.

Una novela gráfica que causó una enorme sacudida en el ambiente académico y transformó la percepción del medio de una arte menor a una forma de legítima de creación artística.

En mi opinión, no existe un medio con menor o mayor valor artístico que otro. Las nociones académicas de “High Art” y “Low Art” son más bien preconceptos sociales  que potenciales.

Una buena historieta  para mí es tan capaz de conmover como una novela del canon occidental  o una pintura clásica.

Un trabajo de animación puede tener la misma calidad que una película o una serie tradicional.

No depende de la naturaleza del medio en sí. El potencial está ahí para realizar una obra de arte.

Sí es verdad, sin embargo, que muchos de los “artes menores” se han visto limitados a lo largo de la historia por etiqueta de edad, sexo o clase social como si la calidad de un producto se viera establecida por su formato. Eso incluso afecta a géneros enteros como la ciencia ficción y el terror que se ven siempre minimizados antes los dos clásicos (drama y comedia) en incluso ante géneros más “realistas” como el romance y el thriller.

A esta altura de la historia del arte estos prejuicios son injustificados considerando la gran cantidad de obras maestras que estos medios y géneros con sus reglas y juegos nos han dado.

Es verdad que el gusto es relativo, es completamente normal y sano que no todos disfruten de lo mismo, pero el bastardeo de ideas completas solo porque no nos interpelan es, para mí, un comportamiento casi absurdo y hasta robótico.

El cómic es considerado, por la mayoría, como un espacio donde solo son posibles historias de superhéroes (que en mi opinión, a través de mi experiencia como lector, tienen un valor artístico propio, pero ese es otro tema) y se confunde con un género (algo parecido a lo que sucede con la animación) sin tener en cuenta  la capacidad que tiene la historieta de contar cualquier historia y no solo eso: quizá se trate del medio gráfico-narrativo menos restrictivo debido a que a diferencia de la televisión o el cine no necesita de un presupuesto para llevar a cabo  sus ideas más fantasiosas y sus efectos más impresionantes. Quizá por eso se entiende el reinado de la ficción especulativa en el cómic.

Se permite dar rienda suelta absoluta a la imaginación  en géneros que muchas veces se ven limitados en otros medios por cuestiones económicas.

La prueba máxima de que la historieta es un canal amplísimo para contar todo tipo de relatos es «Maus”, obra que se basa en el relato de un sobreviviente de una de los peores acontecimientos en la historia de la humanidad, una serie de persecuciones y asesinatos sistemáticos que tenían el objetivo de eliminar a un grupo de seres humanos solo por su religión. Ese fue el plan genocida de Adolf Hitler y los nazis. Eso fue completamente real, pasoó hace menos de 100 años y es uno de los hechos más atroces que alguna vez se recuerden.

Vladek Spiegelman vivió en carne propia los horrores de Auschwitz y su hijo se encargó de transmitir lo sucedido al mundo a través de una obra de arte. A través de la creación de Maus.

Grandes obras de disciplinas más convencionales narraron historias del Holocausto: el cine y la literatura dieron testimonios desgarradores sobre el tema. Historias que nos conmovieron a todos. Maus logra esa poderosa sensación en el lector de sus viñetas: Tristeza, impotencia e ira entre otras. Invita a una necesaria  reflexión sobre la oscuridad del alma humana y su capacidad para el mal, y nos llevará a accionar para que lo sucedido no vuelva a ocurrir jamás.

Maus logra provocar todo esto en quienes la hemos experimentado. Las reflexiones que muchos atribuyen posibles solo a los altos artes es completamente posible acá, además de dejar su propia impronta en él resultado por sus características natalicias.

La metáfora y la intimidad que proponen los dibujos del autor son propios de la tierra donde nacen. No es mejor ni peor que otros. Solo proprio.

Esto se debe también al buen uso de ellas por Spiegelman que se muestra como un maestro de los recursos que ofrece storytelling nativo y la mezcla entre un guión, que, además del principal, toca temas como la culpa y las relaciones paterno-filiales que nos son propios a todos, y el dibujo elegido, que se exhibe completamente orgulloso de pertenecer al cómic y se demuestra puro en su identidad y altísimo en su calidad.

Maus es arte legítimo y en realidad es sólo uno de miles de comics que lo son. Hay de mil nacionalidades y géneros distintos: Argentino, franco-belga, italiano, alemán, de superhéroes, de ciencia ficción, de historias de vida y miles más. Todos los gustos están cubiertos.

Desde esta nota se recomienda la lectura de historieta en general y de Maus en particular.

Es una experiencia fuerte y duradera que lo vale mucho. Y pensar que unos dibujitos coloridos pueden contar las más grandes historias.

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