Ciudad feminista. La lucha por el espacio en un mundo diseñado por hombres
Ciudad feminista de Leslie Kern explica con ejemplos prácticos cómo la planificación de los espacios públicos diseñados desde y hacia una experiencia masculina afecta a las mujeres y otras identidades. El espacio público no es neutral. Los metros cuadrados asignados a los baños públicos y la forma de segmentarlos, las paradas de colectivos, la iluminación de las calles, caminar entre la gente en una avenida principal, o sentarse a leer en un bar tienen distintas implicancias si se piensa en el cruce del género con otras variables como: la etnicidad, la edad, la diversidad funcional, la clase social y la identidad sexual. Es imposible transitar este libro y volver a mirar la ciudad de la misma forma.
El patriarcado escrito en piedra. En un mundo donde todo —desde los medicamentos hasta los chalecos antibalas o los muñecos para simulaciones de choques automovilísticos, desde los smartphones hasta las mesadas de cocina o la temperatura en los lugares de trabajo— está diseñado, testeado y configurado para ajustarse a los estándares de los cuerpos masculinos y sus necesidades, no debería resultar demasiado sorprendente
«Como mujer, nunca había conocido un anonimato o una invisibilidad totales en la ciudad. La anticipación constante de una situación de acoso significaba que dejarse fluir en la multitud fuera siempre una posibilidad algo esquiva. Con todo, los privilegios de tener piel blanca y un cuerpo sin discapacidades me garantizaban algún grado de invisibilidad», narra Leslie Kern.

Kern toma ejemplos que abarcan desde los baños públicos, pasan por las paradas de colectivos y llegan hasta las manifestaciones en vía pública o los atajos poco iluminados en la ciudad, para explicar cómo influyen en ese gran otro que no es el cuerpo masculino sin discapacidades la ciudad y sus decisiones urbanísticas.



