:: COLUMNA
08/04/2020

La cuarentena de lxs sin techo

Frente a la consigna de quedarse en casa, hay muchos que no pueden elegir esa opción. Compartimos el recorrido que hizo Roly Villani por las calles porteñas para saber qué piensan y cómo viven "los que siguen en la calle".

La cuarentena de lxs sin techo

La cuarentena de lxs sin techo

—Los del BAP vienen y te toman los datos al pedo, porque no vuelven.  

Leandro es misionero y gastronómico. Desde el primer día de cuarentena se quedó sin trabajo, sin habitación y con la familia lejos. Le salen burbujas de las manos. Hay que lavarse, dice la consigna pero en Plaza Congreso hay una sola canilla, un solo tubo de detergente y son unos cien viviendo a la intemperie.  

—Pero igual yo no quiero que me lleven al parador, ¿sabés lo que es un parador? -sigue Leandro-. Es como estar en cana. Acá por lo menos los policías ya nos conocen y nos dicen: “Ey, no anden caminando en grupos grandes y traten de quedarse en un solo lugar”.  

En Plaza Miserere sucede lo mismo. La policía, que en otros lugares encierra a quienes no cumplen con la consigna de quedarse en casa, se limita acá a custodiar que no salgan del predio. 

Es un aislamiento en dos tiempos. Para los que tienen casa #QuedateEnCasa. Para los que no tienen #VamosViendo. 

En 2019, las organizaciones que llevan adelante el Censo Popular de Personas En Situación de Calle encontraron 7251 personas sin vivienda de la ciudad de Buenos Aires. Esa cifra hoy puede ser el doble o el triple, dicen de manera intuitiva los que están en el día a día. No hay números oficiales, pero hay indicadores: se habilitaron cuatro predios nuevos para contener a los sin techo, los paradores del Programa Buenos Aires Presente (BAP) están completos. También en la Provincia de Buenos Aires se habilitó una línea gratuita para ayudar a las intendencias a derivar la demanda de ayuda, se abrieron varios espacios de alojamiento y se duplicó la ayuda económica para los dispositivos que pasaron de ser paradores nocturnos a lugares de cuarentena las 24 hs.   

El Gobierno nacional dispuso varias partidas extra para ayudar a los bolsillos de este sector cuanto antes y todos los días agrega nuevas medidas paliativas. Porque los nuevos pobres siguen llegando y porque el sistema de ayuda ya estaba colapsado. 

En ese mismo censo del año pasado se encontró que 5421 personas (cerca del 70% del total) dormían en la calle porque no estaban contenidas en ningún ente oficial ni extraoficial. Y los programas habitacionales del GCBA no recibieron mejoras ni siquiera después del cimbronazo que le significó al gobierno porteño contar una víctima por la ola de frío del 2019.  

Sandra tiene el colchón y un changuito con sus cosas en la medialuna que hace la Plaza llegando a Virrey Cevallos. Ella no es del grupo de los más nuevos, lleva ya un par de años “a los tumbos”. Me pide que llame al BAP: “aunque sea una noche quiero dormir bajo techo”. Llamo al 108 y responden que en cinco horas va a venir alguien a verla. Y me dan un número de reclamo. Más tarde sigo llamando, y no atienden.  

Las organizaciones sociales dicen que, en caso de que vengan, pueden traerle un sanguche de milanesa y una gaseosa. Pero #QuedateAfuera.

El problema es mundial y la escena se repite en todas las grandes ciudades del mundo. El Covid 19 puso en jaque a la economía del planeta y, cualquiera sea la medida que tome el gobierno de cada país, la crisis golpea primero abajo del cinturón de la línea de pobreza.  

Esa explosión de personas en la calle armó una nueva capa geológica de sin techo. En la Plaza Congreso se los reconoce fácilmente. Raúl es uruguayo, también es gastronómico: parrillero y cocinero. 

—Vine con trabajo hace un mes de Montevideo. Tengo laburo, pero ahora está cerrado. Había alquilado una pensión, pero no tuve más plata y antes que juntar deudas, me vine a la calle a esperar que pase todo ésto. 

A la repentina y caótica aparición de nuevos sin techo se suma el “modo cuarentena” en que funcionan los comedores populares o de las iglesias. Todo el andamiaje de contención de los más pobres entró en pánico. Los operadores de la enorme mayoría de los programas decidió respetar la consigna de quedarse adentro. Y el que quedó afuera se jodió.

Somos ocho personas con guantes de látex sentadas a un metro de distancia alrededor de una mesa. Algunos tienen barbijo. Vinieron a pasar la cuarentena en el Centro de Integración Complementario Ernesto “Che” Guevara. Es una sede del Bachillerato Popular del barrio de Barracas que la ONG Proyecto 7 habilitó de urgencia para recibir a las personas en situación de calle que están siendo expulsadas de las plazas del conurbano por las fuerzas de seguridad. 

—Yo vivía en el puente de la estación de Banfield. Vino la Bonaerense y dijo que nos teníamos que ir porque los vecinos llamaban. Me fui a otra plaza no tan transitada, pero mucho no íbamos a durar ahí. Ya veíamos que estaba todo mal, no había nadie en la calle y empezaba a caer cada vez más la Policía Federal y después la Policía Militar. 

Alejandro se enteró de este lugar en un centro católico donde recibía las viandas.

—Me encontré con ellos dos -ellos dos son Christian y Walter, también alojados en el Centro-. Les dije vamos a probar suerte en Barracas, unas chicas me hicieron un papel para que nos reciban y no nos paren en el camino. Apenas llegamos a la estación de Temperley estaban los Federicos. Uno me pide el documento, le digo “Venimos de comer la vianda y nos vamos a Barracas”, y le muestro. El Federico reconoció el papel y nos dejó pasar. 

—Te da una impotencia bárbara -dice Walter-. Te mandan para adentro. ¿Y qué más quisiera yo que encerrarme en mi casa? Soy patriota, yo también quiero cuidarte a vos, ¡pero no tengo casa! 

—Yo vivía hasta hace poco en Claypole -cuenta Christian-. Alquilaba un departamento con algún dinero que hacía limpiando vidrios y cuidando autos. Pero desde que empezó todo ésto me tuve que ir. ¿A quién le voy a limpiar el parabrisas?

Además de este centro, Proyecto 7 lleva adelante dos hogares: el Monteagudo, para hombres, y el Frida, para mujeres en situación de calle. “Todos los días llega gente nueva – dice Horacio Ávila, fundador de esa organización-. Pero sólo podemos ofrecerles que se laven las manos y que almuercen algo en unas mesas que ponemos en la vereda, porque no podemos permitir que nadie entre ni salga de los Centros.” 

Pero está complicado ser pobres hoy. En este aislamiento en dos velocidades están los que no tienen casa y los que tienen una casa muy vulnerable. ¿Cuánto tiempo se puede contener a una familia numerosa en una habitación de cuatro por cuatro sin agua corriente?

Gustavo, de 23 años, es uno de los de la vieja camada de sin techo. Hace dos años que deambula por la calle y este domingo 22 se refugió en Plaza Congreso.  

—Fui a llevar a mi pareja a lo de mis suegros en La Matanza. Me agarraron los cobani todo pun, pan, así: “Tirate al piso, ¿así que vos tenés coronavirus?”. Y yo: ¡Si no viajé por ningún lado, junto cartones, ni siquiera le pido a la gente!”. Fue hoy (el domingo) a las cinco de la mañana. Me llevaron a la comisaría y a las ocho me largaron.

En estos días circularon también por las redes sociales videos que denunciaban violencia policial y tortura. Un gendarme obligó a hacer salto de rana a dos pibes que estaban deambulando. Unos policías les obligaron a hacer cuerpo a tierra y cantar el himno a unos que habían salido en grupo. A diferencia de lo que sucedió en 2018 con el caso del policía Luis Chocobar, no se condecoró a los abusadores. El gobernador Axel Kicillof ordenó apartarlos pero ya lo había hecho el ministro de seguridad bonaerense, Sergio Berni. 

Pero antes de esa intervención oficial, muchos celebraban la actitud de los policías abusadores. En Crónica TV un conductor los llamaba patriotas. La comprensible bronca con los irresponsables que aprovecharon la tragedia para irse de vacaciones fue derivando (encierro mediante) en odio al que deambula. 

Esta sociedad que denuncia al vecino por salir dos veces en el día al supermercado chino es la misma que protagonizó, en el invierno pasado, una ola de sensibilidad con las personas en situación de calle que tenían frío. A nadie se le ocurre hoy pedirle a River Plate que abra el estadio para alojar a los nuevos pobres. Y mucho menos hacer vianditas para salir a repartir. Lo verdaderamente progre hoy es #QuedarseEnCasa.  

Hay cierto optimismo respecto de la actitud responsable de la sociedad. “Cuidarnos entre todos” suena colectivista y esperanzador. “Nadie se salva solo” se repite una y otra vez en los medios y en las redes y absolutamente cierto. Pero la tarea que se les pide a las mayorías es que se aisle, no que brinde una mano. 

—La gente está como loca con lo del Coronavirus -dice Alejandro en el Centro Che Guevara-. Hace años que ven que vivimos en la plaza y ahora llaman a la policía para que nos saque. Si ves que no tengo adonde ir… ¡no seas malo!


Esta nota fue publicada por Roly Villani en Revista Anfibia
Fotos: Tomás Francisco Cuesta

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