:: COLUMNA
29/04/2020

Ghost World. A los amigos que perdí

Ghost World es una novela gráfica escrita e ilustrada por el artista norteamericano Daniel Clowes. La historia sigue las vidas de una pareja de amigas recién salidas del secundario (Enid y Rebecca) mientras vagan por una ciudad indefinida del medio oeste estadounidense criticando el estilo de vida norteamericano, sus habitantes y su cultura popular con una dialéctica pseudo-intelectual.

Ghost World

Ghost World

En pequeños episodios ligeramente conectados Clowes realiza una disección del final de la adolescencia y el comienzo de la juventud con una tonada jocosamente cínica además de una deconstrucción de la figura del outcast que muchos especialistas linkearon con el clásico de Salinger “El guardián sobre el centeno”.

Debe haber alguna ley de proporcionalidad en la psiquis humana y sus elementos.

Calculo que en el equilibrio está la salud mental. No es apropiado juzgar. Cada uno hace lo que puede y da lo mejor de sí. Cada uno da su respuesta ante los diversos estímulos que nos arroja nuestra existencia material.

En Ghost World la reacción de dos personajes principales ante el elemental trauma que supone la pérdida de la inocencia es un hundimiento en el pensamiento cínico, y la actividad rumiante, una crítica constante a los alrededores de sus proprias personas, el uso de la crueldad como carta de presentación y la percepción de las bromas pesadas o pequeñas aventuras cotidianas como epopeyas revolucionarias.

Todo esto, enlazado por un ideal de amistad juvenil con todas las propiedades de la edad.

Porque si nos ponemos a analizar la evolución de esos lazos que nombramos amistades a lo largo de un individuo medio, es en la adolescencia y en la primera adultez donde estos cobran más protagonismo.

El niño tiene como círculo social fundamental a su familia dada ya que dependen de ellos para muchas acciones básicas, hacen amigos de forma secundaria con el simple fin de no aburrirse y por lo tanto se relaciona con una naturalidad y banalidad sorprendente para la mayoría de los adultos, los cuales, a su vez, ponen a sus grupos de amistades como esferas importantes, pero nuevamente secundarias a la familia que ellos mismos han formado. En ambas etapas la familia tiene un rol principal, de responsabilidad o derecho que es muy difícil dejar de lado.

En cambio, en la adolescencia y en la juventud la amistad adquiere una categoría social superior a cualquier otra: El adolescente se relaciona con su par para definirse a sí mismo y expresar sus nuevas ideas y emociones que ya no son propicias para el ámbito familiar, se relaciona porque sus intereses ya no son compartidos por los adultos que estén a cargo de él.

Debe entonces abrirse de a poco al mundo y encontrar alguien que comparta sus sensaciones y problemas ya que esta es la única forma que tiene de no sentirse solo en su búsqueda. ¿No es acaso eso lo que queremos? ¿Sentirnos acompañados?.

Las amistades de estas épocas son reflejos de las mismas: Intensas, comprometidas, algo extremas y muchas veces cambiantes.

Así es la amistad entre Enid y Rebecca, fiel a los adentros de ambas y a su situación cronológica. Tienen una conexión fuertísima más poderosa que nada en su universo. La amistad que todos a esa edad quisieran tener. Pero aun, así como nos van revelando los guiones de Clowes, es también una relación muy enfermiza. Mucho se ha escrito en la década que nos dejó recientemente del amor tóxico entre la juventud: relaciones amorosas que eran perjudiciales para la salud mental y a veces física de los involucrados. Pero poco se ha dicho de las amistades tóxicas que rondan por esa edad y además son mayoría.

Sean cuales sean los venenos que intoxican esos lazos, siempre tienen en común un periodo de tiempo antes de explotar como una bomba.

Esa es quizás la mejor definición de lo que se muestra en Ghost World: Una bomba de tiempo metafórica a punto de reventar todo.

A través de sus páginas somos testigos de cómo la relación de las protagonistas se va desarmando: Pasan de ser el satélite y el objeto sagrado de las vidas de cada una a ser una cuestión de tedio mutuo.

Probablemente este es el punto donde la obra pierde su carácter anecdótico como un Slice of Life bien escrito y se adquiere una capa de profundidad artística notable.

El mundo de Ghost World (la ciudad mejor dicho) no se presenta agradable: comienza como una crítica satírica a la Pop Culture, pero se transforma en un retrato de las peculiaridades de las relaciones sociales y su tendencia a incendiarse. Porque sus personajes son infinitamente defectuosos, cargados de miseria y desesperados por encontrar su utilidad en el mundo. Pero son reales, más reales de lo que nos gustaría.

Hay una decisión muy acertada por parte del artista de no hacernos simpatizar con la mayoría de la fauna personajística y se limita a contarnos las aventuras que ellos protagonizan de manera irritante y natural. Esto permite una observación y estudio divertidísimos de los marginados (etiqueta que tienen en común todos los personajes de este cómic), figura que se ve muy deconstruida acá al no presentarse como simpática, sino como un grupo de gente herida que recurre a la excentricidad como método de identidad.

Desde el dibujo, Clowes resalta la capacidad para transmitir los estados de ánimo de los personajes, el detalle increíble y precioso de los fondos y la capacidad de generar escenas que impactan al lector por la profundidad que producen.

El guión funciona perfectamente tanto como sátira como de disección del mito de la pureza de la amistad y del concepto moderno de que el cinismo equivale a la inteligencia.

Clásico de culto en el mundo de la historieta independiente, su lectura es recomendada para inquietar un poco la mente, romper prejuicios postmodernos y disfrutar de una historia que, como muchas veces también lo hace la vida, deriva en lo puntos y aparte. Un final y un comienzo.

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