:: PERSONAJES
08/10/2019

Ezequiel Black. Preguntas en grafito.

Multifacético, filosófico y misterioso, el artista presenta, tras 5 años de trabajo, su nueva muestra “RÍO III” donde realiza 25 dibujos de distintos formatos hechos en grafito sobre papel.

Ezequiel Black

Ezequiel Black

Diseñador de rock, director de arte del primer periódico travesti latinoamericano y fomentador del arte callejero, entre otras cosas ,Ezequiel Black es un explorador del arte. Su trabajo utiliza materiales inusuales para generar efectos semichamánicos y transportarnos a mundos tan bellos como dispares. Hombre inquieto, Black diseñó para cientos de artistas musicales además estar involucrado en la realización del “El Teje” que hoy es el primer portal trans de Latinoamérica

En palabras del curador Marcelo Sanchez Dansey sobre su obra:“Black intenta entender el mundo en el que vive y de esa manera comprender su propia vida. Lo suyo es la filosofía y su método la observación. Montado sobre el dibujo, acaso una de las formas más antiguas de conocimiento, Ezequiel mira el mundo como si pudiera advertir el efecto del tiempo en las cosas”.

¿Cómo haces la elección de los materiales con los cuales vas a trabajar?
De alguna forma las obras piden ciertos materiales. Los materiales hablan por sí mismos, cuentan historias y connotan sensaciones. A la hora de realizar objetos, algunos materiales ayudan a contar mejor esos cuentos, a hilvanar mejor esas ideas y a producir mejor esos efectos, es desde ese lugar que elijo los materiales. Aquellos que me ayudan contar más precisamente esos cuentos.

¿Si no fueras artista qué serías?
Siempre creo que me hubiera gustado ser arqueólogo o antropólogo. Me produce fascinación la posibilidad de bucear en el pasado y establecer diálogos con culturas que nos antecedieron y de la cuales sólo podemos intentar rearmar sus cosmovisiones con los retazos de lo que dejaron.

¿Cómo fueron tus inicios en arte?
Devine artista. De adolescente yo quería ser diseñador de rock. Y el camino me fue llevando de a poco a serlo. Trabajé con infinidad de bandas del indie y del mainstream. Y como todo deseo, a la hora de concretarlo, la pulsión se mueve y ya comienza a pedir otra cosa. Así fue como lentamente ese horizonte de concreción se me fue moviendo y empecé a sentir la necesidad de explorar otros ámbitos, otras experiencias, otros lenguajes y sobre todo a bucear en una voz más personal. De a poco fue decantando este camino y en algún momento me encontré siendo artista.

¿Cómo son tus procesos creativos?
Soy taurino y mis procesos creativos son lentos pero firmes, de pasos pequeños pero direccionados y sobre todo muy masticados. Como buen toro, rumio y rumio las ideas. Desde el momento que aparecen hasta que se materializan las elaboro, las evalúo, las sintetizo, las modifico, las pongo en juego y recién cuando están maduras pasan a la faceta de la concreción. Me cuesta hacer bocetos ya que a la hora de bajar a tierra esas ideas están tan testeadas que de alguna forma ya sé exactamente lo que quiero. Eso no implica que durante la materialización de esas ideas no haya modificaciones que me va devolviendo el propio proceso de su realización.

¿Cuál fue tu rol en el “El Teje”?
Fui el director de arte y diseñador. Fui el responsable de pensar el formato, desarrollar la estética y número a número coordinar todo el aspecto visual. El trabajo me apasionó de tal manera que empecé a meterme más y más y terminé coordinando también junto a Marlene Wayar (la directora) y Alejandra Dandan (la editora) la mesa editorial donde se craneaba cada número de la revista. Durante los años que la publicación dejó de salir me convertí de alguna manera en el guardián de ese archivo gráfico, ya que tengo todo ese material en mi computadora. Tal es así que junto a Marlene, durante 2018 cuando se cumplieron 10 años de su nacimiento presentamos el proyecto, y nos otorgaron el subsidio del Fondo Metropolitano de la Cultura las Artes y las Ciencias para armar la web www.elteje.com donde digitalizamos y subimos todo el material producido durante esos años iniciáticos. Y así fue como nació el El Teje 2.0 “Primer portal travesti latinoamericano”.

¿Cuál fue el trabajo que más disfrutaste hacer para un artista musical? ¿Por qué?
Diseñé casi 100 discos de la escena independiente y mainstream argentina. Me interesan los artistas que se arremangan y se meten en el fango de la creación de las imágenes. Me gusta mucho generar esos espacios grises en donde no queda en claro de quién es la idea del arte de un disco. Si tuya, si mía, porque en ese o esos encuentros se genera un ping pong visual que hace que esos diálogos tengan algún tipo de magia y algún tipo de singularidad. ¿Quién imaginó esto? ¿Fui yo? O en realidad fuimos ambos construyendo de a poco, estableciendo un vínculo creativo en donde un disparador mío produce una idea en vos y a la vez eso abre una puerta en mí que rebota una luz en vos y así sucesivamente… Es en esos procesos en donde me gusta que mi trabajo circule. Donde las ideas son permeables y se definen y defienden con pasión y vehemencia pero siempre dejándose influenciar y permear por diferentes miradas.

¿Cómo fue la distribución de tu trabajo a lo largo de estos 5 años?
La muestra que estoy presentando la pienso siempre como un ovillo. Una madeja de ideas enmarañadas, diversas pero agrupadas, disímiles pero conectadas. Me propuse trabajarlas desde un lugar sensual e intuitivo. Hice lo posible para no dejar que la cabeza y lo racional empezara a operar sino bien entrado el proceso de trabajo. Fue así que después de un par de años empecé a ver esos hilos transparentes que unificaban esta serie de imágenes y en ese entonces es que comencé a potenciar ciertas áreas o balancear otras ideas. Y de a poco se fue armando este conjunto de obras que estoy presentando actualmente. Tirando lenta y pacientemente del ovillo e intentando desanudarlo.

¿Cómo esperás que reaccione la gente con esta nueva muestra?
Cuando comencé este proyecto quería que la muestra tuviera algo inapelable, potente y sensible, grande y compacto. Luego olvidé esas ideas y seguí trabajando y trabajando, cinco años después a la hora del montaje Marcelo Sanchez Dansey, el curador, me dijo “Ezequiel, esta muestra tiene una soberbia de trabajo inusual”. Y ahí fue que recordé aquellas ideas originarias y me sorprendí de mí mismo. De la forma en la que una intuición puede quedar por debajo del consciente pero sin embargo pulsa y direcciona, porque cuando volví a ver la muestra todo eso estaba ahí. Aquellas ideas primigenias se encontraban todas en la superficie. Un desborde de miles y miles de horas de trabajo lento, persistente, sostenido y direccionado.

¿Cuáles son tus influencias en el trabajo realizado para esta muestra?
Creo que la propia vida y las propias vivencias son siempre una influencia en mi trabajo. Siento a la experiencia vivida como una fuente inagotable y a la vez inapelable. Como un refugio en donde encontrar certezas y preguntas. Por ejemplo el Río Tercero (de ahí el nombre de la muestra) es el río que queda frente a la casa de mi abuelo en Córdoba en donde pasé todos los veranos de mi niñez y adolescencia. Es para mí un lugar casi mítico, mágico y que dejó sus huellas en mi construcción como persona. Vivíamos (literalmente) a 300 metros de la Central Nuclear de Embalse. Una mega contrucción que de tanto verla estaba invisibilizada. Una nave espacial que emitía sonidos nocturnos que rebotaban en las sierras y se escuchaban por las noches. Me interesa mucho la auto exploración. Como dice Barbara Kruger pero con otra connotación “Tu cuerpo es un campo de batalla”. Bueno, yo pienso algo así como que la propia vivencia es un campo de exploración. ¿Qué es lo que define nuestra propia identidad? Es en ese ámbito en el que me interesa bucear.

¿Que sentís cuando dibujas?
Dibujar me transporta a un estado casi meditativo. El volumen del mundo exterior se ralenta y desvanece de a poco y es ahí que entro en un diálogo íntimo y a la vez singular con la obra. Soy detallista y trabajo pausada y obsesivamente. Pareciera que repito un patrón que aunque lo vea, no puedo dejar de repetirlo. Al comenzar una obra siento excitación por la novedad. Efervecencia por la promesa y la pura potencia de lo desconocido. Al cabo de unas semanas y ver que el trabajo requiere de más tiempo y más tiempo empieza a crecer la angustia. “Esto no va a quedar bien, estoy perdiendo el tiempo”. Es ahí donde tengo que cruzar ese desierto de insatisfacción y autocrítica y seguir tirando del ovillo. Sostener el trabajo incluso cuando creo que nada bueno va a salir de ahí, y luego de a poco las imágenes empiezan a aparecer, la luz comienza a entrar y ahí viene el subidón y la emoción de ver que la apuesta de hace uno, dos o tres meses va llegando a buen puerto. Finalmente tomar la decisión de decir “Este trabajo está terminado” y enseguida esa efervescencia se aquieta, las burbujas bajan y viene nuevamente la misma pregunta… y ahora qué?

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