:: COLUMNA
17/03/2020

Coronavirus en primera persona

Un relato en primera de un fallido viaje por Barcelona. Cuarentena, pandemia y otros menesteres.

Viajes

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Cuarto día de cuarentena, cuarto día encerrado en mi casa después de volver de un accidentado viaje a España.

Las actividades son escasas. De todas maneras no es que yo sea un tipo muy activo o algo así. Esta cuarentena de hecho me sirve para justificar mi tiempo ocio. Podría entrar al campus virtual de la facultad para empezar a leer los contenidos de las clases suspendidas. Pero soy muy vago.

Debería estar de vacaciones en este momento. Por eso estoy quejoso, irritado. Para ser exacto, en este momento estaría en Roma comiendo esta deliciosa pizza fina con una Coca Cola y el mejor helado que probaron mis papilas gustativas de postre.

Pero bueno, el coronavirus devoró Europa, se hundió en la piel del viejo continente y lo dejó de rodillas.

Mi viaje empezó y se cortó en Barcelona el domingo 8 de marzo, una ciudad donde aparentemente no pasaba nada, .

La gente escaseaba en la calle. Monumentos históricos donde generalmente la muchedumbre abunda como lo son la Sagrada Familia y el Park Güell se encontraban (en comparación con la normalidad) con poca concurrencia. No eran los únicos lugares con una concurrencia poco frecuente. Los shoppings, restaurantes y cafés tampoco tenían su habitual número de clientes.

No era un ciudad fantasma, pero sin duda estaba diezmada. La vida que caracteriza a esa metrópolis cosmopolita estaba, no apagada, pero sí tenue.

Aún así había una negación por parte de los catalanes, un deseo de evitar la realidad. Que aquí hay mucha gente, que pasa en Italia, que dentro de España solo hay en Madrid.

Fueron, como el tiempo nos mostraría, solo excusas (en algunas cosas casi inocentes). 

Al pasar los días se empezaron a declarar emergencias sanitarias en el resto del continente incluso se rumoreó que se iba a cerrar Madrid. Un presentimiento comenzó lentamente a instalarse en mi mente. Esto sumado a los mensajes de familiares y compañeros que me contaban las noticias apocalípticas que transmitían en Argentina.

La cantidad de personas en las calles disminuía, los rumores se volvían más disparatados.

Un sentimiento de catástrofe invadía poco a poco al mundo.

Finalmente me levanté ese jueves con la noticia de que la administración Trump decretaba la cancelación de los vuelos desde Europa a EEUU y viceversa. Sabía lo que seguía. Si el país mas importante del mundo entraba en emergencia, España y Argentina serían los siguientes.

Corrí al aeropuerto, tomé un bus vacío pero ya no me sorprendía.

Al ser atendido en el Prat decidí cambiar mi pasaje de vuelta a esa misma noche. ¿Cancelar un viaje soñado por una paranoia? No, no estaba seguro de poder hacerlo. Hasta que escuché la respuesta de la empleada que me atendió: “Es lo mejor que puede hacer”.

Un poco más tranquilo ante esa respuesta que parecía dada por el mismo destino.

Pasee  una última vez por Barcelona. Los locales no habían cerrado aún, pero ya me imaginaba las cuadras en un futuro cercano. Desolación y cuarentena. Emergencia sanitaria.

Caída la noche volví al aeropuerto y leí en un diario virtual las noticias de mi patria. Fronteras cerradas para vuelos desde los países de riesgo. Tenía tantos nervios que me reí.

Como ustedes ya saben las medidas no fueron tan severas y se está dando la repatriación de argentinos.

Pero en ese momento sentí bastante ansiedad.

La espera para el embarque fue tensa para mi y para todos los que estábamos en la fila. Un parlante por fin confirmó el vuelo. Hubo aplausos.

Justo para cuando aterricé habían cerrado Madrid y estaban por decretar emergencia sanitaria en toda España.

Baje del avión contento. Estaba en casa.

Hoy mientras escribo hay alrededor de 60 casos de coronavirus en el país y dos muertos. Se están tomando medidas para prevenir, pero todos tienen miedo e incertidumbe. No solo acá, sino en todo el mundo.

No creo que esto sea el cometa que extinguió a los dinosaurios, pero sí fue un problema subestimado globalmente que evolucionó en pandemia.

Diría que todo va a salir bien si no nos comportamos como maniáticos.

Pero no soy una persona positiva y sé que la gente se va a comportar con paranoia e idiotez.

Lo hacemos siempre. Porque no en una pandemia. Así que algún lío social puede llegar a haber.

Igual vamos a sobrevivir porque los humanos tenemos un dios aparte o algún favor universal que nos saca de estas situaciones. Los dados esta vez están a nuestro favor. Esperemos que  sea así por mucho tiempo más.

 

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