Black Hole. Adolecer

Adolecer: Verbo Intransitivo

1. Sufrir cierto, defecto, carencia o vicio.

2. Padecer una enfermedad

Adolescencia: La adolescencia es una etapa en la vida de los seres humanos que se lleva a cabo aproximadamente en el segundo octavo (partiendo de una vida de 80 años) de la existencia. Es la etapa que sigue a la niñez, y comienza con la pubertad, aproximadamente a la edad de los 10 años, y dura aproximadamente hasta los 19 años.

Proviene del latín “adolescentia” que significa “joven, adolescente”. Sin embargo, la palabra deriva de “adolezco” que significa “crecer, desarrollarse, ir en aumento”, lo cual explica la derivación de la palabra, la adolescencia es también una etapa de crecimiento y de desarrollo, quizá la más crucial en la vida de un individuo.

Hay un mito que vincula las etimología de la palabra adolescencia con el significado del verbo adolecer. Esto históricamente no es verdad como pueden leer arriba. Pero en un universo tan sorprendente como el que habitamos podemos abandonar el estudio profundo de las cosas y entregarnos a la magia de la coincidencia. Es que la palabra adolecer en sus dos significados suena como una definición perfecta de ese periodo tormentoso que conocemos como adolescencia.

Estas definiciones se aplican perfectamente, también, a la historia narrada por el ilustrador americano Charles Burns en su magnum opus Black Hole (Agujero Negro en nuestro idioma) donde la adolescencia con su carga física y emocional se ven retratadas como el padecimiento de una enfermedad y la carencia de sentido de la vida misma.

La novela gráfica narra tres historias principales que se entrelazan entre sí: la de Keith, un adolescente con síntomas de ansiedad; la de Chris, la chica popular y buena alumna (que es objeto de deseo de Keith), cuya vida da un salto al enterarse que sufre de la enfermedad de transmisión sexual que está infectando a los adolescentes; y la de los otros afectados por este mal que se exilian en los bosques para no ser perseguidos por la población sana ya que sus deformaciones los han convertido en monstruos.

Con un dibujo en tono surrealista y que varía entre lo hermoso y lo feísta, lo grotesco y lo perfecto a voluntad, Burns construye un cómic que polimeriza el terror y el “coming of age” en un solo género. Porque aunque las imágenes, que poseen terribles mutilaciones además de momentos de gran suspenso y susto, tienen  la historia de nuestras vidas dentro de sus viñetas.

Los personajes sufren traumas que nosotras hemos sufrido o seguimos sufriendo.

La soledad, la angustia, la ira. Componentes propios de la psiquis de cada adolescente se hayan acá  enmascarados con la careta del virus que efectivamente realiza cambios físicos y espirituales en los padecientes.

Cabe aclarar que también se puede hacer una conexión con el gran brote de HIV que apagaba la vida de miles de personas a lo largo del mundo en la época de publicación de la obra (los 90’) y que la enfermedad comenzó a manifestarse en el periodo de tiempo en el cual la novela se basa (los 70’). Esa fue la primera interpretación de muchos lectores y críticos hasta que el mismo autor dijo que él siempre consideró las mutaciones que sufren los personajes como una metáfora propia de los cambios que se producen (y durante un tiempo se padecen) en la pubertad y la adolescencia.

Es que Black Hole puede ser todo eso: Una metáfora, una nostalgia oscura a esa época (no es un detalle menor el uso del negro y el gris en la obra) tan confusa (aquí no es casualidad el uso de secuencias oníricas y el trazo surrealista) y más que una nostalgia, quizá una melancolía porque la adolescencia es para muchos eso: en general, un recuerdo agridulce por lo que pudo ser, pero no fue y jamás será (sea cual sea el motivo que nos llevó a actuar, a tomar decisiones en una edad tan susceptible e inexperta) y por esa cruel edad que se rebajaba con inocencia antes de convertirse en una realidad tiránica y cínica que ahoga la adultez y la vejez.

El lenguaje poético que el dibujante deja en la historia a través de sus ilustraciones es muy impactante y abarca comparaciones premonitorias, un idioma propio de símbolos recurrentes que a su vez se ven influenciados por la cultura pop o la banalidad bizarra y cotidiana, y  un singular uso de lo asqueroso como punto de la normalidad.

 Hay dentro del guión un buen uso de las elipsis narrativas, de las dudas y conflictos de nuestros protagonistas.

Para terminar, quiero remarcar algo: a pesar de que el conflicto planteado y lo que se cuenta es netamente ficticio, es muy probable que muchas de las situaciones del cómic sean de los más real que hay dentro de una adolescencia promedio. Con todo lo bueno y lo mala que eso conlleva.

Es una novela bella, dura y triste. Todo eso lo es, a propósito, por lo que considero que es un mérito para el autor haber decodificado sus ideas en una buena historia que merece ser leída como una muestra de todo lo que puede ser el mundo underground de la historieta norteamericana.

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