Adriana Riva: “Escribir es como subir una montaña, disfruto solo al llegar a la cima”

¿Cómo fue que nació este libro?
Yo había terminado de escribir un libro de cuentos que se llamaba Angst, en ese momento iba a un taller individual con Flor Monfort, y en un momento dado ella me dijo: “¿Y ahora que hacemos?”, y le conté de un viaje que había hecho -porque el viaje de la novela fue real- y que lo hice con mi mamá, mi tía y mi hermana pero que en el momento en que lo hice estaba en otro taller, el de Santiago Llach, y él hace una especie de concurso que se llama el Championat, en el que todos tienen que escribir durante una semana tres mil caracteres cada día. Si no escribís, tu grupo pierde puntos. Entonces yo estaba jugando y viajando, así que cuando terminaba de recorrer algo me ponía a escribir casi como si fuera una crónica. Todo eso lo guardé y fue lo que le mostré a Flor Monfort pero nunca lo pensé como una novela. Recién cuando me puse a trabajar me di cuenta de que había buen material pero que con eso solo no alcanzaba y busqué más. De hecho es un libro que no surgió en el orden en el que aparece sino que comenzó en la parte dos y después le fui armando a la protagonista todo un background.

De todas maneras el viaje no parece ser el eje del libro, ¿no?
No, el viaje es la excusa, el verdadero eje del libro es la relación madre e hija pero el viaje sirvió para narrar esa relación, cómo se encuentran y se desencuentran. Hay mucho de autobiográfico pero siempre me pasa que cuando comienzo a escribir algo de mi propia vida no puedo evitar comenzar a retocarlo, a rehacer cosas y forzar algunas otras. ¿Tengo una hermana? Sí, pero dejé afuera a otros cinco hermanos. Entonces usé de cada persona y cada situación lo que me servía y dejé afuera todo lo demás.

¿Y la relación con tu madre es como la contás en la novela o la cambiaste?
Mi mamá es una persona muy cerrada, casi insondable, a la que siempre quise conocer. Y cuando todo esto pasó mi papá había fallecido hacía no mucho tiempo entonces me di cuenta de que conocía muy poco de mi mamá y pensé que mejor es conocerla en vida que tratar de reconstruirla cuando ya no esté. En parte también hicimos ese viaje con ese propósito y en cuanto a la relación con ella casi todo lo que cuento es cierto pero hay otro montón de cosas que en realidad no cuento. Elijo un 10% del personaje, de hecho con todo lo que no cuento podría escribir otra novela con la misma madre y nadie creería que se trata de la misma persona.

Llama la atención todo lo que hay de pensamiento femenino, ¿es una novela de mujeres?
En realidad hay mucho de pensamiento femenino porque en esta novela hay cuatro mujeres que son las protagonistas y en esto en que quería narrar los hombres son secundarios. Es una novela que en realidad habla de una relación entre madres e hijas, más que una novela sobre el género femenino.

¿Te da miedo cometer errores que haya cometido tu mamá con tus hijas?
No porque en realidad mi mamá es lo máximo, yo la adoro y me llevo bárbaro. Es un personaje tan bueno en la vida real: todo lo que dice me parece interesante, es graciosa, es ingeniosa, todo sin que ella se dé cuenta porque siempre estuvo un poco opacada y vivió a las sombras de un marido muy fuerte. Y si cometo errores con mis hijas serán otros, y si son los mismos no serán porque ella haya sido una mala madre. Seguramente cometió errores, justamente lo que se puede leer, ya deconstruyendo la novela, es que no existe madre perfecta.

¿Puede la palabra de una madre ser determinante en la vida de un hijo?
Si tenés una relación muy complicada hay una cantidad de situaciones que hacen que la actuación de una madre -o un padre- sean determinantes en la vida de un hijo. Yo estoy segura de que debo estar cometiendo un montón de errores como madre, pero también sé que estoy tratando de hacer las cosas de la mejor manera, porque en realidad no hay un manual.

¿Cómo sigue la cabeza una vez que la novela se publicó? ¿Estás pensando en un próximo libro, o te relajás y lo disfrutás?
Yo soy muy ansiosa, demasiado. Cuando terminé de escribir Agnst, aún antes de que se publicara, me puse a escribir La Sal, y ahora como sé que escribir es algo que me cuesta muchísimo, sé que no lo puedo dejar de hacer por mucho tiempo. Es como ir al gimnasio, si lo dejo después no voy a ir más. Entonces, no estoy pensando en una próxima novela pero sí en escribir, en no dejar de hacerlo. Mi idea es escribir, aunque no sepa bien qué estoy escribiendo.

¿Tenés algún tipo de método a la hora de escribir?
No, escribo muchas cosas sueltas y de repente todo va tomando su forma. De repente encontrás un mundo, una línea, algo parecido a eso fue lo que me pasó con La Sal. Recuerdo que hace poco escuché a Eduardo Sacheri por la radio decir que él pasaba muchísimo tiempo planificando todo lo que iba a ser su novela y recién cuando tenía bien armada la trama, los tiempos y los personajes se ponía a escribir, y que entonces el hecho de escribir ya no le resultaba tan tedioso. Me pareció genial. Ahora estoy escribiendo pedazos, fragmentos, pero quizás pueda ponerme a planificarlo. Debe estar bueno tener todo en la cabeza antes de empezar a escribir.

¿O sea que no necesitás aislarte del mundo o cosas así para escribir?
Sería imposible aislarme del mundo porque tengo tres hijas, mi único requisito para cuando escribo es silencio y tiempo. Realmente envidio a la gente que dice yo escribo todas las mañanas tres horas, yo hace como diez días que no escribo y todavía no conseguí adoptar un método. Sentarme a escribir para mí es como subir una montaña: recién cuando llego a la cima es que lo disfruto. El camino es complicado y cuando lo estoy haciendo siempre me repito: ¿Quién me mandó a hacer esto? ¡¿Quién me mandó?! Así como puedo leer en la cola del supermercado, para escribir necesito saber que voy a tener al menos un par de horas, aunque en esas horas escriba solo dos párrafos. La Sal fue una novela que me costó muchísimo, la cambié un montón de veces. Te diría que existieron al menos dos novelas más con distintas tramas y distintos finales.

¿Y qué estás escribiendo ahora?
Por ahora solamente fragmentos porque es algo que no requiere demasiado tiempo y me mantiene ejercitando. Con eso junté un montón de material, que hoy serían como ladrillos con lo que tal vez ahora pueda empezar a construir algo. Al principio me había imaginado micro relatos, pero ahora ya estoy pensando en una novela. Empecé a escribir cosas de mi infancia: quizás encuentre un hilo en todo esto y salgo algo.

¿En qué momento decidiste que te ibas a dedicar a escribir?
En mi casa siempre se leyó mucho, todos éramos muy lectores, había mucho libro dando vueltas pero escritura cero. Realmente sentía que no tenía nada para contar y como periodista escribía notas, que era algo que me gustaba hacer, pero siempre de un modo muy ajustado a determinados estilos. Cuando se murió mi papá sentí que tenía algo para escribir y su muerte funcionó como disparador, y ahí comencé a escribir y te diría que lo único que tengo escrito es lo que se publicó. No tengo mucho material en casa o inédito, soy muy novata como escritora.

¿Qué opinión tenes de los talleres literarios?
Soy una alumna serial. Me parece que están buenísimos y que te obligan a escribir. Ya lo pagaste y tenés que avanzar, mucho más cuando se trata de talleres individuales en donde realmente hay una corrección día por día. Y en los talleres colectivos está bueno para saber qué escriben los compañeros o escucharse a uno mismo leer en voz alta para ver qué es lo que funciona y qué no. Está bueno para romper con la incomodidad que trae el texto propio. Hay veces que llevás cosas para que te lo machaquen pero muchas veces es clarificador: nadie entendió el chiste del perrito, claramente eso no va o se entendió de otro modo y hay que corregirlo.

Es algo que se puso muy de moda, ¿no? Hay un montón de talleres…
¡Un montón! pero esto ocurre por la sencilla razón de cada vez hay más gente que escribe.

¿Y del taller a la publicación? ¿Cómo fue ese camino?
Yo no me puse a escribir para publicar sino que fui escribiendo y en el primer taller fue mi profesora la que me dijo que veía esos cuentos que luego fueron Angst. Quizás ahora sí estoy pensando más en escribir para publicar, al principio era simplemente escribir.

¿Es más fácil publicar ahora con tantas editoriales chicas que fueron surgiendo?
No sé si es más fácil, lo cierto es que la editorial chica para subsistir le tiene que poner el cuerpo a la venta de tu libro: va a las ferias, lo promociona, lo promueve. En cambio la editorial grande eso no pasa tanto pero de un día para el otro estás en todo el país, eso sí tenés 6 meses para ser un boom o sino pasás a saldos y chau. También hay que ver qué editorial te elige, no es un camino fácil. Los escritores famosos van con las grandes, tienen otra espalda y pagan más pero yo publiqué las dos veces en editoriales chicas y me parece que son bárbaras.

Última: ¿qué escritores te gustan?
Me gusta Natalia Ginzburg, Alice Munro, Amy Hempel. Me gustan mucho las escritoras y mucho lo anglosajón. También me gusta Emanuel Carrere, Phillip Roth, Joseph Roth. Me gustan los rusos, son cosas distintas pero me encantan. Me gusta muchísimo leer y me gusta cada vez más. A veces me da mucha culpa ponerme a leer, es casi como ir a dormir la siesta cuando todos trabajan. De todas maneras si un día no hice absolutamente nada pero leí un libro es un día muy productivo.

 

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