::PERSONAJES
31/07/2017

Marou Rivero. La observadora participante

Desde algún lugar y desde que habitamos el espacio estamos transformándolo todo, todo el tiempo. Nos reinventamos, nos re preguntamos y nos involucramos. Marou Rivero es exactamente eso: una transformadora, una recolectora de experiencias. De un tono de voz que no termina de adecuarse al desorden de la ciudad y con una dedicada obsesión por cronicar el mundo. Vivencial, existencialista y amante del monocromo, esta chica que nació en un pueblo con nombre de vacaciones eternas y empezó desde abajo hasta llegar a la luna es, desde hace un tiempo, casi ciudadana del mundo pero desde siempre una “catacordoporteña”.

Marou Rivero: “Chica Lunar”

Marou Rivero: “Chica Lunar”

¿Cómo fue tu infancia?
Nací en Recreo, Catamarca, un pueblo del que juraba que tenía 50.000 habitantes pero hace poco comprobé que tiene 12.000, -wikipediado-. Cuando yo vivía allí era mucho más chiquito, nací en el ’85, tengo 32 años. Tengo recuerdos hermosos de mi infancia, como todo pueblo, toda mi familia vivía en la misma manzana y teníamos un patio común creado por mi abuelo donde había algarrobos; él siempre fue un reciclador nato, un guardián de la sustentabilidad, hacia hamacas con las bicicletas que se rompían, siempre fue “animate a transformarlo”. Crecí rodeada de naturaleza, había mandarinos por todos lados y si nos daban ganar de comer nos subíamos al árbol a buscar fruta, durante el verano hacía mucho calor. Hasta los 15 años tuve la suerte de volver durante las vacaciones de verano porque mis papás nos llevaban a Recreo ya que todos mis tíos y primos viven ahí.

¿Cuándo te mudaste a Córdoba?
Nos mudamos todos juntos. Cuando tenía 7 u 8 mis viejos vendían ropa, ellos la compraban en Córdoba y la vendían en Catamarca, entonces les salió una franquicia de Angelo Paolo -fueron los primeros que hicieron en Argentina el diseño del gran lunar que trataba sobre el cáncer de mamas- luego tuvieron las franquicias de Vitamina y J.L.Cook y nos mudamos a Córdoba Capital y desde los 9 años hasta los 23 viví allí, por crianza soy mas cordobesa.

¿Y vos qué te sentís más?
Yo digo que soy “catacordoporteña” y después de este año me siento un poquito ciudadana el mundo porque planeo seguir viajando. A raíz de viajar y conectar con gente conocí a una chica que tenía un blog donde recopilaba historias de viajeras, ella creó un “viaje cultural” a París, Barcelona -mi ciudad en el mundo- y a toda la región de Andalucía con una noche en cada lugar. En mi blog hago hincapié en lo cultural porque creo que es donde el universo tiene que mirar y cuando me preguntó si me interesaba viajar con ellas enseguida le dije que sí, así es que me invitó a hacer una curaduría de París y Barcelona -lugares en los que yo ya había estado-.

¿Por qué Barcelona es tu lugar en el mundo?
Es difícil de explicar pero ese lugar me expande, se me alinean todos los chakras -risas-. Desde el primer momento que pisé Barcelona -mayo de 2014-, tengo la mejor historia del mundo, me regalé el viaje para los 30 y cumplía 29 así que llegué joven -risas-. Desde ese primer momento fue increíble, fui con un amiga que tiene un primo catalán, por eso desde que llegamos tuve contacto con el Barcelona real, desde los locales. Nunca me sentí una turista a pesar de haber hecho muchas cosas turísticas, por ejemplo, cada vez que estoy allá voy a la Casa Batló de Gaudí. Siento que es una ciudad que conozco de vidas pasadas. Me pasa algo muy similar con México D.F., cuando fui nunca sentí miedo, viví allí por seis meses, cuando cursaba la carrera de Sociología quería hacer Comunicación Audiovisual y en mi facultad no había, entonces hice un intercambio con el Tecnológico de Monterrey y tomé clases de TV, cine, film en 35, grabé un programa de radio, trabajé en la producción de un programa de televisión… había muchas posibilidades y yo estaba como un pez en el agua.

Volviendo un poquito atrás en tu vida, fuiste editora de una revista…
Sí, ¡de mi propia revista! -risas-. Ésa fue la primera vez que escribí sobre moda en mi vida, en ese momento no lo pensé tanto y hoy digo “¡qué audaz!”. Al principio era un formato televisivo en el que yo guionaba, mi hermana conducía, mi papá administraba y mi mamá producía, trabajábamos los cuatro. Yo hacía los copetes y el programa duraba dos minutos, era una cápsula que venía después del noticiero -tal como se verían hoy los programas de YouTube-, eran copetes y entrevistas muy cortas. Cuando Calu la pegó en Buenos Aires había que conducir y yo dije “¡a mí no me miren, en televisión ni loca1”. Fue genial, después mutamos a papel y los copetes empezaron a ser notas más amplias, al principio mi mamá me editaba y a los seis meses me dijo “éste es tu proyecto” ahí me encontré escribiendo desde una carta editorial hasta notas puntuales, tenía colaboradores… fue increíble el ejercicio. Además USTED -Usos, Tendencias, Estilo, Diseño- había nacido desde nosotros, yo era USTED, sabía exactamente qué era esa editorial, fue una gran experiencia, venía a cubrir los BAFWEEKS a Buenos Aires, entrevisté a Pablo Ramírez cuando fue a Córdoba, fue una escuela enorme porque si bien tenía total libertad tampoco podía excederme, como cuando te dicen “hacé lo que quieras” y sos más cuidadosa que nunca. Me sirvió mucho cuando me mudé a Buenos Aires y me permitió llegar acá y seguir jugando a lo que hacía allá porque la revista se seguía imprimiendo. Luego decidí volcar toda la información que tenía en un blog personal, ahí nació Chica Lunar, en diciembre de 2010.

Recién hablaste sobre tu profesión, sos Socióloga. ¿Cómo te acompaña en la moda y en tu forma de vivir?
Me gusta replicar una frase que escuché una vez de un profesor que tuve: “La sociología es sentido común con palabras difíciles”. Es entender que todo lo que te pasó en la vida de alguna forma te modifica, te hace distinto, el ser únicos no es sólo físico sino también de construcción mental y de recursos, desde hablar, interpretar, ponerse en el lugar del otro, hay un montón de cosas que nos definen: dónde nacimos, a qué colegio fuimos, quiénes son nuestros compañeros… yo había dejado atrás mi posibilidad de estudiar cine, y cuando me debatí entre esas dos carreras y empecé a trabajar en moda me di cuenta del lugar que tenía la Sociología, por ejemplo el arte o la moda determinan los valores de una época, si ves cómo se vestían en una determinada época podés hacer una radiografía de sus valores y costumbres que están determinados socialmente. Mi tesis de grado fue acerca de la responsabilidad social empresaria de moda pero siempre me costó mucho ponerme en ese lugar de la socióloga que usa palabras demasiado académicas, por ejemplo, en mi blog trato de usar palabras que lleguen, que atraviesen, desde la conciencia del impacto que va a tener lo que escribo, ser responsable de eso, hasta la manera en que presento las cosas: “algo que a mí me gusta, que a vos te pueda interesar” es darle un poco la autoridad a esa persona y no bajar líneas.

Pero, ¿sos consciente que vos sos una influenciadora?
Eso me da un miedo que no te puedo explicar. Básicamente porque la tecnología nos define. Cuando hacía el blog -antes de Instagram- era bloguera, hoy soy influencer, porque es la manera en que se llama a la gente que tiene influencia pero que también habita las redes sociales, y al mismo tiempo ese reconocimiento viene de los otros. Un influencer es un líder de opinión digital, pero en realidad influencers somos todos en nuestros grupos de pertenencia. En mis charlas a veces hago la pregunta ¿cuántas veces sus amigos les preguntan en qué lugar se compraron X prenda o les piden una recomendación de una película que hayan visto? Eso es ser influencer, uno es alguien en ese segmento y la persona valora tu opinión, en la digitalidad es eso pero multiplicado exponencialmente.

En Instagram me defino como una observadora participante, me gusta conocer gente, vivir experiencias, comprometerme y meterme en eso, no puedo mirarlo desde afuera -volviendo un poco a la profesión-, porque creo que todos afectamos, es ser parte y por eso también el #LaModaqueHabito, porque la transformo. En Twitter, por otro lado, me defino como una tejedora social, porque la herramienta de la red es conectar con pares y con distinta gente. Desde algún lugar uno está transformándolo todo siempre, ¿no?

Hablando de influenciadores, ¿qué referentes tenes sobre moda y cine?
Sale una película de Almodóvar y yo no puedo respirar hasta que la vea, a ese nivel. Me apasiona la gravedad y al mismo tiempo la liviandad sobre los que trabaja los temas, esa cosa de “puede ser el fin del mundo pero hay humor”, además tiene un perfil muy lúdico, hasta la película más triste tiene algún acento de color. El cine de Almodóvar es mi favorito por lejos, además a veces también me siento un poco dramática, una chica Almodóvar -risas-. En moda me gusta mucho Leandra Medine de Man Repeller, ella tiene un rol de celebrity/influencer pero también de comunicadora y es muy libre, se animó a cuestionar los mandatos de las revistas.

¿Y vos que cuestionarías en cuanto a mandatos?
A los 18 años mis papás tenían un bar en Córdoba y lo vi todo, fue la primera vez que vi a dos mujeres besándose, en ese momento yo era bastante “frasquito” y desde ese momento la palabra libertad está constantemente en mi cabeza, mi relación con la moda o el cine fue siempre desde ahí, por ejemplo, “si te gusta una pochoclera, ¡vamos a verla!”. No hay nada que esté mal, son elecciones propias, hay momentos para todo.
USTED siempre fue libertad en la elección: “yo te cuento, vos elegí”. Creo que todo está tan válido que no sé si hay algo para cuestionar. Si cuestionaría la hegemonía en el éxito de cantidad sobre calidad. El año pasado estuve en un Festival que paradójicamente se llama The Influencers -desde hace 14 años- donde hay charlas y workshops que te hacen cuestionar la comunicación y la cultura actual. Hoy tenemos que empezar a pensar que nadie sale de las redes y el paradigma que se viene es calidad, “seguí a alguien que te genere valor, que te dé algo más que la foto del look”.

¿Qué proyectos tenés a corto plazo?
Tengo dos proyectos, el primero es mi blog el cual relancé, ya que el año pasado sufrí una especie de pánico digital y no podía subir nada a Instagram, eso me hizo pensar que en esa red tengo todo acerca de mis últimos tres años de trabajo y si pasara cualquier cosa y se borrara no sé qué haría, por eso también volví a poner el foco en el blog, que lo diseñó la agencia Mandarina y realmente es el blog que quiero tener, se parece mucho a mi ideal y funciona también de curriculum, tiene que ver con lo lúdico, el color, la fluidez, entre otras cosas.
Por otro lado, estoy dando charlas con marcas -aunque no son proyectos puntuales-. Y si hablamos de pensar en lo que viene me late muy fuerte hacer un Master en Sociología y Tecnología de Barcelona, que está estrictamente dirigido a mi formación y mi área de acción, desde pensamiento creativo hasta orden y control. Ese es mi proyecto. Me parece súper importante formarme. Un Master no te va a hablar sobre lo que va a pasar en 100 años sino a qué se parece lo que estamos viviendo y hacia dónde vamos y, sobretodo, qupe podríamos modificar de ese camino.

El año pasado hice un Posgrado de Sociología del Diseño en la FADU, allí conocí a Miguel Angel Gardetti – Director del Centro de Estudios sobre el Lujo Sostenible y Director del Centro Textil Sostenible- quien es un referente muy importante en lo que respecta a sustentabilidad en Argentina. Hice un programa con él: Líderes para el cambio en el sector moda, desde ese momento fui mutando en mi accionar, para mí es importante tener marcas que me gusten y trabajen de la manera correcta, y además tener marcas que me gusten y a las que todos puedan acceder -obviamente también hay marcas que me gustan que son caras- pero yo creo que la moda es para todos y no importa lo que uses.

¿Existe la moda sin la industria?
Pasa que la industria también es uno, existe una cadena de valor mucho más allá de la prenda, la prenda no nace sólo en el diseñador, sino desde la gente que teje, que provee al mercado… En lo particular me pasó que siempre vi en esa cadena de la que hablo a gente con ideales, con sueños, con el ejemplo de mis viejos. Todos son parte y no se debe quedar sólo en el producto, sería todo muy simplista.


Instagram: @marourivero

Fotos: Agustina Angel.
Asistente: Martín De Lío.
Make up artist: Flavia Vaniria para Perkes Gandini.
Agradecimientos: Parque Bar, Ezequiel Norry.

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