:: COLUMNA
13/05/2019

Cambiar todo para que no cambie nada: la paradoja de los líderes actuales

Cuando Giuseppe Tomasi di Lampedusa escribió El Gatopardo estableció uno de los pilares de la doctrina política actual: “Cambiar todo para que no cambie nada”. Esta es la síntesis de una paradoja, la idea profunda que persigue el mantenimiento de las estructuras del poder mediante aparentes cambios en la superficie. Lo que seguramente no sabía el escritor italiano es que su visión de la realidad podría aplicarse al mundo empresarial del siglo XXI, aunque por una razón distinta: el miedo entre sus líderes.

Cambios

Cambios

Las empresas se han encaminado desde hace años en una vorágine de cambio superficial en toda su estructura. Se buscan nuevos modelos de gestión, comunicación o dirección. Sin embargo, este interés de transformación se acaba cuando terminan las reuniones donde se proclaman. Los líderes actuales han desarrollado una habilidad especial para erigirse como guías de los cambios necesarios de las empresas sin realmente cambiar nada significativo en ellas. La causa de ese estancamiento es el temor de estos a ser prescindibles si ese cambio
llega.

Porque esa es la otra paradoja en la que se asienta la resistencia al cambio por parte de los líderes actuales. Si cambia todo, quizá ellos dejen de ser necesarios. Sin embargo, este pensamiento es limitado. William Shakespeare dijo que “sabemos lo que somos, pero no lo que llegaremos a ser”. Si aplicamos esta idea al mundo corporativo, podemos pensar que los líderes cambiarán al ritmo que esos cambios se produzcan en el seno de la organización.

Así, esa transformación conllevará la aparición de nuevas necesidades, que esos mismos líderes pueden resolver por su capacidad de dirección y gestión, demostradas en la mudanza llevada a cabo. Algo que, sin duda, no ocurre.

Casos específicos de resistencia al cambio
La resistencia al cambio se puede observar de forma transversal en las organizaciones porque todos los departamentos pueden padecer este mal. El escenario de resistencia al cambio más habitual es:

• “Siempre se ha hecho así”: puede ser la frase que identifica mejor la resistencia al cambio. Todo se ha hecho así hasta que se cambia la forma de hacerlo, pero hay quienes no entienden eso. Esta circunstancia dentro de las empresas demuestra que hay personas que lo que no quieren hacer es ajustarse a una nueva forma de hacer las cosas. La causa puede ser el miedo, la falta de compromiso o, simplemente la
pereza.

No obstante, existe una solución directa y fácil para superar este marco de pensamiento: abrir la puerta. Si los líderes actuales no tienen el suficiente liderazgo para cabalgar un cambio inevitable en sus organizaciones, deberán abrir puertas y ventanas para que entre aire fresco. Ese aire fresco puede provenir de nuevas generaciones, con menos peso sobre sus hombros y capaces de abrazar los cambios y liderarlos. Si los líderes no desean que esa apertura suponga la sustitución de sus puestos directivos, cabe la posibilidad de que estas nuevas generaciones introduzcan en las organizaciones su forma de entender el mundo de forma paulatina. Estamos seguros de que el fin de la tarea se completará a lomo del veloz caballo del cambio.

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