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11/09/2017

Andy Cherniavsky: "La fotografía es mi memoria"

Al entrar al estudio de Rafa Delceggio ella ya estaba ahí desde hacía un rato. Andy Cherniavsky, una de las fotógrafas más importantes del rock y la moda, hoy se enfrenta a las cámaras dejándose iluminar por el flash. “Creo que la fotografía tiene que tener un alma, un feedback muy grande entre el fotógrafo y el fotografiado” nos cuenta, mientras le hace un guiño cómplice a Rafa, y ese fue siempre su estandarte. Se dejó guiar como si no se diera cuenta de la magnitud de su presencia y todavía creemos que realmente no tiene conciencia de lo grande que es y lo que despierta cuando pone el ojo detrás de la lente. Hoy G7 se da el lujo de tener del otro lado de la cámara a quien apostó por nosotros haciendo más de 8.900 producciones y tapas para la revista, comenzando por la número cero.

Andy Cherniavsky

Andy Cherniavsky

Andy Cherniavsky se autodefine como una gran laburante, es la fotógrafa más versátil de nuestro país, una apasionada, una melómana y una inspiración para muchos. En esta entrevista nos habló sobre sus inicios, nos develó anécdotas de su vida, charlamos sobre su exitosa y reciente muestra, “Los ángeles de Charly” y nos adelantó detalles sobre su próximo libro de editorial Planeta: “Acceso Directo”, un libro lleno de memorias donde relata lo más íntimo de su carrera y su relación con el rock de los ’80 y ’90, lugar en el que dejó huellas imborrables para las generaciones que vienen. Además, nos manifestó que lo que la enciende en la vida es “poner el ojo detrás de la cámara” y generar vínculos que perduren a la foto en sí misma.

¿Cómo es Andy Cherniavsky?
Una gran laburante. Cuarenta años trabajando de fotógrafa, directora de arte, productora y diseñadora gráfica, de manera autodidacta.

¿Cómo te diste cuenta de que querías ser fotógrafa?
La verdad es que no me di cuenta, siempre digo que es la fotografía la que se dio cuenta y no yo, cuando tenía 18 años me anoté en un curso de tres meses con una amiga que me insistió mucho para hacerlo, resulta que al mes y medio ya estaba laburando y ya tenía una mini empresa con la que me había re copado. En ese tiempo estudiaba Psicología en la facultad y cuando empecé con aquello dejé la carrera para dedicarme por completo a la fotografía, sin ninguna duda, quería respuestas rápidas y fue una especie de fascinación, me fasciné, esa es la definición justa de aquello que me pasó. Siempre digo que soy una fotógrafa muy versátil porque hago todo tipo de fotos: publicidad, comida, discos, libros, cine, teatro, editorial, moda, gente, autos, artísticas, de todo. No me importa tanto el laburo sino “poner el ojo detrás de la cámara”, eso es lo que me despierta la curiosidad, la adrenalina, el interés, las ganas…

¿Y cuando no tenés el ojo detrás de la cámara, qué ves?
Veo mil fotos, pero siempre tengo una cámara conmigo, todo el tiempo y la mayoría de mis fotos artísticas no las conoce nadie, las hago para mí y me divierto mucho. Me divierte mucho hacer fotos y al mismo tiempo me da miedo, soy como los actores que antes de salir a escena se ponen nerviosos, a mi me pasa todo eso, duermo mal la noche anterior por ejemplo, porque para mí no existen los laburos chicos o grandes. Me gusta tener muy claro adónde voy, qué voy a hacer y qué quiero hacer.

¿De dónde te viene la inspiración generalmente?
La inspiración más que nada me viene del trabajo en grupo, me gusta mucho armar equipos. Una especie de porcentaje inspiracional que una vez armé era el siguiente: sola en la oficina 0%, caminando por la calle 20%, con un equipo de gente 70% y en la bañera o lavando los platos 10% -risas-.

Hablando un poco de la inspiración que te genera un equipo de trabajo, ¿cómo fue tu relación con G7?
G7 fue uno de los trabajos más importantes que hice en mi vida, en mi biografía o curriculum G7 figura principalmente, hicimos 8.900 producciones en diez años, entendí el concepto, acompañé y laburé sin importar la plata e hice cosas geniales, viajé al Festival de Cannes mil veces y muchas veces allá cocinaba para todo el equipo, los esperaba a todos con una comida cuando venían de laburar en el Palais todo el día. Trabajé diez años en G7 y lo sigo haciendo esporádicamente. Creo que hay cosas dentro de mi laburo que van a perdurar para siempre y una es la sensación del equipo de trabajo de G7; siempre digo: haber laburado tantos años en el rock fue como escribir un libro de historia que va a prevalecer por generaciones. G7 fue enseñarles a todos y que ellos me enseñen a mí, compartir millones de cosas, diez años yendo a pie de imprenta en cada tapa y cada Dossier de moda. Era mi grupo de pertenencia, mi lugar y mi espacio, donde nunca recibí ningún tipo de límite, donde podía hacer mucho con poco presupuesto, eso de alguna manera aunque parezca negativo, hace que salgan las mejores ideas artísticas y pienses mucho más con pocos recursos. Fue uno de los mejores trabajos que hice en mi vida, por eso también hoy estoy emocionada al venir como entrevistada y que un fotógrafo como Rafael Delceggio me saqué fotos, estaba nerviosa más que nada por la revista y lo que significa para mí, ya que se hizo parte de mi vida, de mi cuerpo. Tengo experiencias maravillosas al haber empezado con la revista desde el número cero y llegar hasta hoy, es muy emocionante.

Volviendo un poco atrás, ¿cómo llegaste a la revista?
Cuando comenzó la revista, Fabián, Francisco y Sebastián me vinieron a ver con timidez para consultarme si yo quería empezar a trabajar con ellos, yo en ese entonces ya hacía cosas para otras revistas, y enseguida dije ¡sí, quiero! y la primer tapa de G7 fue Charly García.

Hablando de Charly, vos siempre tuviste una relación muy cercana con el rock, ¿cómo empezó esa relación con él?
Mi relación con Charly empezó también de manera muy fortuita al igual que mi relación con la fotografía. Yo era compañera de cuarto año de secundaria de Dani García -hermano de Charly- y después estuvimos de novios. Yo ya era fanática del rock y recuerdo el día que Charly vino a mi casa, me dio mucha vergüenza que vea un póster enorme de Sui Generis colgado frente a mi cama. Pero mi relación más fuerte comenzó dos años después de terminar la secundaria, yo hacía ropa y estudiaba Psicología y, recién comenzaba a incursionar con la fotografía, un día me llamó por teléfono la madre de Charly, preocupada porque él no tenia dónde vivir, él ya tenía su grupo, Sui Generis y tocaba los domingos en el Olympia a las 11 de la mañana pero no le quedaba un mango, entonces Carmen Moreno -madre de Charly- me pidió si Charly podía quedarse unos días en casa hasta conseguir un lugar, y se quedó, pero esos días fueron casi dos años -risas-. Yo empecé a hacer fotos y fue increíble conseguir un lugar dentro del rock que no sea ser “groupie”, siguiendo a Charly me convertí en fotógrafa. Finalmente cuando Charly viajó por primera vez a Estados Unidos me trajo de regalo un libro de Annie Leibovitz, mi fotógrafa admirada, y pensé: ¡este tipo me esta viendo como fotógrafa! En ese momento me recomendó a León Gieco para hacerle la tapa del disco “Pensar en nada”, después hicimos “Peperina” -Serú Girán- y de ahí en mas pasó de todo: comencé a trabajar en Rock & Pop, en la revista de Daniel Grinbank, él tenía su oficina en el cuarto piso y en el quinto yo tenía mi estudio, todos los músicos pasaban por mi estudio, estaba todo el día en el laboratorio y copiaba miles de fotos, hacía muchísimas tapas y cubrí alrededor de 300 recitales, solamente para Rock & Pop, además trabajé para otras revistas de la época como Cantarock, El musiquero, Pelo. En esa época el trabajo empezaba por ejemplo, en Banfield y terminaba en Mar del Plata a la madrugada, los fines de semana cubría tres shows por noche. Si comparo mi laburo en el rock con G7 y la última muestra presentada -“Los ángeles de Charly”-, me interesa mucho más el proceso creativo, el compartir con un grupo de gente donde me sienta genial, que el laburo en sí mismo -que por supuesto también es genial-.

¿Y qué sensación tuviste con la muestra “Los ángeles de Charly”?
Cuando entré al Palais de Glace a ver la muestra no tenía idea de lo que Elio Kapszuk -curador de la muestra- iba a hacer finalmente, si estuvimos trabajando durante seis meses en la elección, escaneo de negativos y descubriendo cosas que ni yo sabía que estaban en mi archivo. Me emociona mucho más todo el proceso creativo del trabajo y la gente con la que trabajé y apoyó la muestra – Marcelo Fernández Vital -BITTAR-, Juanjo Carmona, Hilda Lizarazu, Nora Lezano, Elio Kapszuk, Marcelo Panozzo de Cultura -el ideólogo de la muestra- y toda la gente de cultura-. Cuando entré al Palais me puse a llorar, no por mi laburo sino por la sensación de “qué genial que fue trabajar con esta gente seis meses ¡quiero más de estas cosas!”. Cosas como ir a hacer una nota en bicicleta con los chicos de G7 hace años y esconderlas para que no notaran que veníamos en bici -risas- toda esa magia, la redacción, haber armado un archivo… cosas que me hacen más sentido que la foto en sí misma.

¿Por qué el nombre, Los ángeles de Charly?
Por la famosa serie, porque somos tres mujeres y porque Charly es el capo. Nosotros somos los ángeles, Charly es Dios y Elio Kapszuk es el Papa judío -risas-. Elio es el gran creador de la muestra -cráneo-, el gran estratega, el que la ensambló. Con Hilda y Nora fue una especie de brainstorming de admiración, fue increíble juntarnos para hacer esto. Con Hilda vivimos toda la vida juntas y somos muy amigas. Cuando la conocí ella trabajaba en el Image Bank como fotógrafa y con Charly hicimos Peperina, donde la tapa y contratapa son fotos compradas en el Image bank, hoy en día la gente me pregunta ¿quién es la famosa Peperina? ¡Andá a saber! -se ríe-. Pero aparte de todos esos recuerdos yo creo que me convertí en una coleccionista de mis propias fotos y de toda la memorabilia del rock. Desde el primer BA Rock que mi papa me llevó cuando tenía 9 años hasta el dia de hoy, guardé todo, yo hacía hasta las credenciales de todos los show en papel fotográfico. Era muy laburadora pero creo que siempre valoricé tarde mi laburo, siempre me divirtió más lo humano y quizá no me di cuenta del valor cultural que tenía, recién pude verlo cuando el Correo Argentino me compró fotos de Miguel Abuelo y Luca Prodan para hacer estampillas y cuando entro al correo y veo que entre miles de estampillas hay dos que son mías me digo a mí misma ¡esto es historia! Me comprometo muchísimo con cada trabajo que hago y me meto de lleno.

¿Qué área disfrutas mas: publicidad, moda, música?
Soy muy versátil y hago de todo, ¡pongo el ojo y se me enciende la vida! Voy por la calle y siempre tengo una camarita encima.

¿Y cómo ves la fotografía hoy y los fotógrafos de la actualidad?
Yo arranqué cuando realmente éramos siete fotógrafos, conocí a Gaby Rocca y nos hicimos socios, hoy veo que todo es un poco descartable e instantáneo y todo dura un segundo, yo por ejemplo, entro en mi Instagram, miro las fotos de hace tres años y digo ¡qué genial! pensar que la persona que se la perdió ese momento ya no la vio, como soy una coleccionista eso me da un poco de pena, esos grandes fotógrafos de antes quienes con cosas muy rudimentarias a nivel técnico hacían fotos increíbles, yo soy muy poco técnica y le doy mucho valor a la idea y a la producción. Creo que la fotografía tiene que tener un alma, un feedback muy grande entre el fotógrafo y el fotografiado, que hoy muchas veces se torna más en un show.

¿De qué se trata tu nuevo proyecto editorial?
Es un libro que estoy realizando junto a Editorial Planeta que se va a llamar Acceso directo, donde cuento anécdotas increíbles de toda esa época como fotógrafa en los ’80. Es más que nada escrito y quiero poner fotos que tienen que ver con cómo fui aprendiendo, es decir no quiero volver a poner fotos que ya todos vieron sino fotos mas íntimas, de mi vida con la música, más caseras, “del adentro”. También pienso que soy una mina que no tiene memoria y por lo tanto la fotografía es mi memoria, me manejo consultando mi vida en mi archivo, todo tiene que ver con la fotografía, además en un momento escribía en una especie de diario todo lo que hacía en el día como fotógrafa: Festivales, viajes en micro con bandas a La Falda para el Chateau Rock -recuerdo cuando viajamos con Sumo en tren o con Miguel Zabaleta de Sueter en el micro de los periodistas, donde siempre venía un grupo también-. Era una fan ideológicamente comprometida con el rock hasta final de los ’80. Acceso directo tiene que ver también con esa amistad, con estar en los camarines, en las giras y en el detrás de escena de los músicos y luego volver a mi estudio para revelar todo ese material, en aquel tiempo tenía dos cámaras analógicas -una con rollo a color y otra con rollo blanco y negro-. En ese momento éramos siete fotógrafos en comparación con el presente donde hay muchos, y no había equipos ni cosas importadas.

¿Qué te impulsó a hacer este libro?
Fue una propuesta de Editorial Planeta, a mí la verdad nunca se me había ocurrido escribir un libro. Además voy a hacer dos libros más con ellos pero de fotografía, uno sobre Charly -versión mejorada, aumentada y con fotos inéditas- y luego un libro del rock de los ’80 y ’90 -donde hay muchas fotos de G7-. Para este libro en especial estuve trabajando mucho junto a Sergio Marchi sobre fotos, recuerdos incontables, archivos y, veremos si pueden darse a luz o no -risas-. Es un libro de rock, sobre cómo sin darme cuenta llegue a la fotografía, y sin darme cuenta cómo pasó de fan de rock a ser fotógrafa de rock de los ’80. Tiene cosas internas que fui guardando, cómo nos divertíamos y cómo nos llegaba la música de afuera -lo que era muy raro- recuerdos de, por ejemplo, cuando Spinetta viajó a Estados Unidos y se rumoreaba que había visto a David Bowie – parece una tontería pero en esa época no había nada y esas noticias eran geniales-.

¿Tenés dimensión que sos la fotógrafa más importante del país?
¡No! Ni lo pienso ni lo creo, no creo que haya un fotógrafo más importante, porque cuando uno piensa en los fotógrafos del mundo piensa en muchos que son increíbles. El otro día leí una frase de Ansel Adams, un grande de la fotografía en blanco y negro y del sistema zonal -una escala de grises que inventó-, la frase decía algo así como: “Si hay algo que me molesta es la cámara, ¿por qué tiene que haber una cámara de por medio entre el paisaje y yo?”. Cada fotógrafo tiene un estilo, una forma. Hoy viendo las fotos de alumnos de la Universidad de Palermo decía, yo soy una idiota al lado de lo que crearon estos pibes. Hice cosas que me encantaron y otras que hoy haría diferentes pero si creo que mi laburo en el rock argentino de los ’80 no va a morir nunca, va a perdurar por generaciones. Mi hija tiene fotos de los Twist, Charly o Sumo en su pieza y es de una generación nueva, creo que aquello que hice sin darme cuenta fue escribir una página de la cultura del rock en Argentina y eso es lo que más me gusta de mi trabajo. Lo que sí creo es que me considero una excelente madre -sin dudas mi mejor obra-. Todo es una búsqueda y una experiencia, nadie te puede decir cómo hacerlo, uno tiene que hacer su propio camino.


Fotos: Rafael Delceggio
Make up: Lau Gigena para Perkes Gandini Studio.

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