Con el ánimo de expandir la conversación sobre el cine independiente y compartir el amor por el séptimo arte, la plataforma global de streaming, productora y distribuidora de películas, MUBI, en coproducción con la casa productora La Corriente del Golfo Podcast, está llevando a cabo MUBI Podcast: Encuentros. El proyecto cuenta con un reparto de figuras estelares que representan lo mejor del talento latinoamericano.

Mañana, 7 de julio, estrena el encuentro entre Albertina Carri y Camila José Donoso en esta conversación. La desobediencia, el desaprendizaje y la transgresión son los principios que defienden estas mujeres del séptimo arte.

En el episodio, estas cineastas se han empeñado en romper los límites de los géneros cinematográficos y reivindican el cine como una experiencia libre y colectiva. Donoso y Carri hablan con complicidad de la urgencia de reinterpretar la pornografía y el documental para poner en escena deseos socialmente rechazados y alejarse de las jerarquías tradicionales entre directora y personaje. Aún sin conocerse en persona, se abren y reflexionan profundamente sobre los cuestionamientos que las luchas feministas han despertado en ellas y cómo han influenciado los procesos de sus propias películas.

Antes del estreno, Albertina dialogó con G7 sobre la actualidad del cine, los desafíos actuales de la industria y la creatividad en tiempos de pandemia.

¿Cómo te llegó la invitación para formar parte de MUBI PODCAST? ¿Qué sensación te dejó la propuesta?  

Me pareció una propuesta muy interesante porque es una forma de acercarse al cine desde otro lado, con las problemáticas que atravesamos las personas que hacemos cine. Fue una oportunidad para hablar de por qué hacemos el cine que hacemos. Qué significa para quienes hacemos cine, contar un cuento, para qué lo hacemos. Y eso en general queda velado en el magma de relatos audiovisuales o en la lógica del detrás de escena. Aquí en cambio pudimos conversar sobre lo que nos obsesiona y nos apasiona de nuestro trabajo.

El episodio del que participaste se llama “La odisea de desobedecer” y se habla sobre romper los límites establecidos en el cine ¿En qué otras facetas de tu vida sentís que sos desobediente o transgresora?  

En todas (risas moderadas). El cine para mí es un modo de vida, no es solamente un trabajo y en ese sentido, invade todos los aspectos de mi vida y también mi experiencia de vida invade mi cine. La desobediencia no es una postura, sino un modo de dar cuenta de lo incómodo que puede ser este mundo, con sus desigualdades y sus crueldades.

En nombre de la civilización la humanidad ha cometido los crímenes más terribles. Entonces la obediencia civilizatoria es muy peligrosa y la desobediencia es una forma de avisar de esos peligros.

¿Cómo ves a la industria audiovisual después de atravesar la pandemia?  

La pandemia es una crisis total de los sistemas de producción en general y eso sin dudas también le está ocurriendo al cine. No me queda claro hacia dónde vamos. El cine ya venía padeciendo una crisis y la pandemia la profundizó. Una crisis de relato con el advenimiento de las series y una crisis de producción, que en el caso de Latinoamérica es histórica.

¿Qué opinas de estas nuevas formas de consumir contenido audiovisual a través del streaming? ¿Crees que va a perjudicar en algo a los medios tradicionales como el cine, la televisión o el teatro? 

El cine ya viene sufriendo cambios en su narración a partir de las plataformas. Los planos generales cada vez se usan menos y se les pide a las películas relatos cada vez más veloces. El streaming cambia completamente la relación de oferta y de demanda, entonces los diez primeros minutos de una película lo tiene que enunciar todo. La lógica de un espectador cautivo durante dos horas en una sala a oscuras, ya no existe. Elegir ver una película por la sala en la que la programan tampoco existe más. Eso trae muchos cambios en el lenguaje.

Sobre la televisión no sé nada y sobre el teatro pienso algo similar al cine. Ya venía modificándose el relato, complejizándose y tomando elementos de otras artes como el cine. Creo que también es una oportunidad para que surjan relatos más híbridos. Obras cada vez menos encasillables.

¿Cómo ves a las directoras y directores argentinos y latinoamericanos que en los últimos años han ido ganando terreno en las “grandes industrias cinematográficas”? ¿Cómo hacen las pequeñas y medianas productoras, los directores independientes, para competir frente a las grandes empresas y sus películas taquilleras? 

No sé si puedo responder esto. Toda la parte del negocio del cine, la distribución y financiación de las películas, se la dejo a mis productores. Es una maquinaria delicadísima que necesita mucha concentración y dedicación para entenderla.

Cuando era más joven hacía todo, pero hace tiempo que entendí que lo que me gusta es contar historias. Si me dedico al trabajo de producción el cuento se me escurre entre circunstancias pragmáticas o imposiciones mercantiles. Lo que no significa que no tenga consciencia de los costos de un relato. Y creo que es en ese sentido que deberíamos pensar cada vez más en términos ecológicos para hacer nuestras películas. No me refiero con ecología solamente a pensar en los materiales que gastamos y todo lo que invadimos el planeta de basura, sino también en buscar un equilibrio entre costo – inversión – cantidad de espectadores.

Trabajas hace años y has pasado por varios roles: desde camarógrafa, guionista, productora, directora ¿Cómo ves el rol de la mujer dentro de la industria audiovisual? ¿Qué cosas crees que han cambiado a lo largo de los años y en qué crees que falta todavía por mejorar? 

El mundo cambió muchísimo y la industria cinematográfica también se dio cuenta de esos cambios. Sin embargo, sigue siendo una industria tremendamente patriarcal. Si bien las mujeres hemos ido ganando terreno en los diversos roles de una producción, todavía es un mundo de hombres.

Pero les tengo mucha fe a las nuevas generaciones. Creo que en los movimientos feministas que se están generando en las aulas de las facultades de cine, se están gestando grandes cambios para la industria latinoamericana. No puedo hablar de otras industrias porque desconozco sus razones.

¿Crees que a la gente va a costarle volver al cine por miedo al contagio o a salir de sus casas?  

No creo que a la gente le cueste por miedo al contagio. Pero las plataformas ya han dañado la experiencia de ver cine con otras personas. Eso dependerá mucho de cada pueblo. Aquí en Berlín, donde estoy viviendo por unos meses, haciendo la beca DAAD, abrieron los cines hace una semana y la gente salió corriendo a las salas. Incluso hicieron una versión de la Berlinale en verano, con pantallas al aire libre y se agotaron todas las funciones. La gente en esta ciudad siempre fue muy cinéfila y encuentra en la experiencia de ir a la sala un modo de ver cine que los estimula. En Argentina hace tiempo que las salas solo estrenan títulos comerciales, que son los mismos que encontrás en las plataformas. Entonces será difícil volver a llevar a la gente a las salas.

Junto a Juliana Laffitte lanzaron “Retratos ciegos”, un libro con los dibujos y escritos que se enviaron durante la pandemia ¿Qué aprendizajes te dejó todo el contexto del año pasado? ¿Descubriste cosas de vos que desconocías? 

Es muy pronto para saber si aprendí algo o no. Pero fue un tiempo de muchísimo trabajo y concentración extrema, algo que haciendo cine casi siempre es difícil de encontrar. El caso de Retratos ciegos es un ejemplo de eso. Escribo poesía desde siempre, pero nunca tuve tiempo, o nunca le di un espacio en mi vida. Y con la excusa de estar cerca con Juliana, pude soltar todas esas palabras que probablemente en otro contexto no hubiera podido hacer.

Por otro lado, fue un trabajo muy luminoso. Una forma de darle brillo a un momento muy oscuro. Y finalmente de eso se trata la expresión artística para mí, de la posibilidad de que las circunstancias no me avasallen sino que se vuelvan relato.

¿Crees que todo el confinamiento impactó de alguna manera en tu lado creativo?  ¿En qué sentido?

No sé si en mi lado creativo. Sino en mi lado obsesivo. Pude leer muchísimas cosas que tenía pendientes y revisar proyectos que había escrito a las corridas, con la lógica de la productividad. En ese sentido fue un reencuentro con mis primeros años en el cine. O mejor dicho, fue un reencuentro con las razones por las que me dediqué a pensar en un formato tan inmenso como es el cine.