Con la idea de llevar la pantalla al oído, MUBI, la plataforma global de streaming, productora y distribuidora de películas, junto a la casa productora La Corriente del Golfo Podcast, lanzaron MUBI Podcast: Encuentros. En este proyecto reúnen algunas de las voces más destacadas del cine latinoamericano para hablar de sus experiencias personales y reflexionar sobre distintas temáticas que han influenciado o inspirado su trabajo. 

Cada miércoles ofrecen un nuevo episodio y en esta oportunidad le llegó el turno al cineasta Benjamín Naishtat, quien se reencuentra con el actor Alfredo Castro, después de trabajar juntos en Rojo (2018), para hablar sobre el terror, el placer y el misterio que representa hacer una película.

La incertidumbre es para ellos un factor esencial del rodaje: el director no conoce todas las respuestas y el actor no sabe qué figura reencarnará en su cuerpo. Al intentar describir una experiencia que solo quien ha rodado puede imaginar, ambos coinciden en que la semilla de la creación es la irracionalidad de la locura.

Antes del estreno del episodio, Benjamín charló con G7 sobre su mirada respecto al cine latinoamericano, los obstáculos que atraviesan y los cambios que la pandemia le puede traer a la industria en el futuro. 

¿Cómo te llegó la invitación para formar parte de MUBI PODCAST? ¿Qué sensación te dejó la propuesta? 

Desde hace años MUBI ha presentado diversos trabajos míos, incluyendo cortos y los tres largometrajes que he realizado. Es una plataforma interesante, con foco en el cine de autor, en cinematografías mal llamadas periféricas, y hace las veces de cinemateca virtual. Por lo tanto me alegra que me hayan invitado a la experiencia del podcast, sobre todo porque lo grabé junto al actor chileno Alfredo Castro, a quien admiro mucho y además considero un amigo.

Benjamín Naishtat

Tu película “Rojo” se puede ver en Netflix ¿Qué opinas de estas nuevas formas de consumir contenido audiovisual a través del streaming? ¿Crees que va a perjudicar en algo a los medios tradicionales como el cine, la televisión o el teatro? 

A diferencia de lo que fue en su momento la televisión, el VHS, el DVD u otros medios físicos, el streaming ha horadado de manera mucho más contundente la posibilidad de ver películas en salas. Ya no son nuevas formas, porque son la norma hace casi diez años, pero solo en los últimos dos o tres años -es decir antes y durante la pandemia- se ha vuelto la forma hegemónica de acceder a la ficción audiovisual en general y a películas en particular. Es un cambio de paradigma cuyas consecuencias todavía están terminando de decantar. En lo personal espero que la sala, en tanto que experiencia colectiva e inmersiva, sobreviva y reciba el apoyo que merece por parte del sector público, ya que cumple un rol fundamental en la formación miradas, de formas de ver y pensar el mundo.

¿Cómo ves actualmente a la industria audiovisual después de atravesar la pandemia? 

La industria audiovisual argentina tuvo un 2020 catastrófico, como tantas otras actividades afectadas por la pandemia. En 2021 se observa una fuerte reactivación a raíz de la producción de una gran cantidad de series encargadas por plataformas extranjeras. Esto ha generado empleo, lo cual era muy necesitado por el sector. Sin embargo, me preocupa mucho la parálisis que hay en la producción de largometrajes. Se están haciendo muy pocos, y cada vez con menos recursos, en parte por cierta disfuncionalidad del INCAA, en parte por el aumento de costos ligados a la pandemia, y también seguramente porque los productores comerciales hoy apuestan a lo que pidan las plataformas, que en general son series. El panorama entonces es bastante malo para el cine argentino, gran ausente en este 2021 de los principales festivales internacionales, que más allá de lo simbólico ofician de plataformas para que las películas se vendan y para que la cultura argentina brille en el mundo. Puertas adentro, con salas cerradas y plataformas que compran ínfimas cantidades de producciones argentinas, las cosas no están mejor. Es necesario, como se hizo en la Unión Europea, instituir una cuota de participación de producción nacional y/o regional en cada plataforma que obtiene ganancias en el país. De otra manera, el audiovisual nacional corre el riesgo de extinguirse.

¿Cómo crees que serán las ficciones en un futuro? En cuanto al rodaje, el lado creativo, los personajes, la narrativa ¿te parece que la pandemia va a influir en algún sentido? 

Es una buena pregunta. La gran mayoría de producciones que se hacen actualmente toman la absurda decisión de ignorar la pandemia y hacer como si filmaran en 2019. Francamente no lo entiendo, es una negación patológica. Al mismo tiempo, yo no quisiera filmar gente con barbijos, sin expresión en el rostro. La pandemia ha sido un acontecimiento tan disruptivo que aún no se logra plasmar en los imaginarios. Como suele suceder, es  esperable que dentro de algunos años haya excelentes películas sobre la pandemia. Pero ahora es demasiado pronto para entender las implicancias de esto que nos pasó a todos, absolutamente a todos.

¿Crees que a la gente va a costarle volver a los teatros o al cine por miedo al contagio o a salir de sus casas?  

Es algo bastante personal. Creo que habrá gente que seguirá teniendo miedo como antes tenía miedo de otras cosas, y otra gente que con la vacunación y las medidas de cuidado entenderá que ir al cine es bastante inocuo en términos sanitarios.

¿Qué aprendizajes te dejó la pandemia? ¿Descubriste cosas de vos que desconocías? ¿Adquiriste algún nuevo pasatiempo? 

Francamente no aprendí ni descubrí nada. A lo sumo se hizo evidente que una ciudad como Buenos Aires, sin la potencia de su oferta cultural y su vida nocturna y social, es un lugar bastante desangelado.

¿Qué cosas o situaciones te inspiran a la hora de escribir? 

Aventuras urbanas y de las otras, música, paisajes, otras películas.

¿Cómo ves a las directoras y directores argentinos y latinoamericanos que en los últimos años han ido ganando terreno en las grandes industrias cinematográficas? ¿Cómo pueden competir las pequeñas y medianas productoras, los directores independientes, frente a las grandes empresas y sus películas taquilleras?  

Personalmente, creo que sería lógico desear que quienes se dedican al audiovisual puedan desarrollarse y realizarse en sus países, en sus regiones a lo sumo. Al fin y al cabo hay mercado de lengua castellana de más de 500 millones de personas. Con visión y trabajo, la gran industria es esta. Esa industria del entretenimiento, por otra parte, quedaría trunca sin una parte más pequeña, y en general precaria, del quehacer cinematográfico que paradójicamente es el que genera imaginario, valor cultural, prestigio. Todo es necesario, todo se puede retroalimentar de una y otra cosa. Lo que suena un poco acomplejado y derrotista es la idea de que ese terreno a ganar está fronteras afuera.