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Sensualidad, empoderamiento y feminismo en el rock argentino post 2001

La tragedia de Cromañón marcó un antes y un después en la historia del rock nacional. Definitivamente, el ambiente rockero ya no fue el mismo. ¿Qué sucede entonces si se analizan estos cambios de paradigma al calor del feminismo? Dialogamos con Carla Daniela Benisz y Nancy Gregof, autoras de La Campana de la División, un libro sobre “las ruinas del rock argentino”.

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“La Campana de la División”, un libro de reciente publicación que analiza el rock argentino en el Siglo XXI, recopila una serie de ensayos que debaten sobre tópicos como la sensualidad, la urbanidad, la participación política, la poesía y el feminismo. Dialogamos con Carla Daniela Benisz y Nancy Gregof, dos de sus autoras, sobre la perspectiva feminista y la sensualidad en el rock y en las nuevas poéticas, como la de Sara Hebe, la primera mujer rapera argentina en presentarse en el Estadio Atenas de La Plata y autora del tema de la serie El Marginal, por el cual ha ganado un Martín Fierro.

“La campana de la división. Escribir sobre las ruinas del rock argentino” es un libro de reciente publicación que compila distintos trabajos sobre las poéticas rockeras post 2001 a la luz de esos cambios de paradigma. Tópicos como la sensualidad, la urbanidad, la participación política, el feminismo y el trovadurismo son tratados a través de los ensayos originales de Carla Daniela Benisz, Daniel Talio, Nancy Gregof y Daniel Gaguine, miembros del Seminario Permanente de Estudios sobre Rock Argentino Contemporáneo.

Compilado por Emiliano Scaricaciottoli, quien además presenta su propio ensayo, el libro invita a analizar lo ocurrido en el rock post 2001 para problematizar el presente y, al mismo tiempo, pensar el futuro desde una mirada que focaliza en las poéticas, más allá de la distinción por género musical.

Desde las ruinas

¿Por qué hablar de las ruinas? El prólogo de Gito Minore lo enuncia así: “en Argentina el rock murió carbonizado el 30 de diciembre de 2004”. Pero el libro toma a esos restos desde la mirada de Walter Benjamin, no como una materia inerte sobre la cual solo es posible la nostalgia sino como piedra angular de las producciones contemporáneas.

Al respecto, Nancy Gregof, Profesora en Letras (UBA), docente en nivel medio, Bachillerato Popular 20 Flores y UTEP y autora del capítulo “Valvularidad y  Divididos”, explica que luego de la crisis de 2001 y de la tragedia de Cromañón, las discursividades, contradicciones y posicionamientos de las poéticas rockeras “dialogan con la crisis, las muertes, la coyuntura estallada y los intentos de reconstrucción, construcción o creación de otras realidades posibles. Ni el pasado irreal, ni el pasado ideal, ni mañana es mejor. Las ruinas son presentes.”

En consonancia, Carla Daniela Benisz, otra de las autoras, sostiene: “Nosotros debatimos mucho entre dos miradas antagónicas: la seducción de la nostalgia, por un lado, y el rock como significante amplio, que se resignifica hibridado por otros géneros que antes esquivaba o le eran esquivos. Creo que el libro trata de circular esos dos extremos: el duelo de lo que ya no es y la fiesta de lo que ahora sí es.” 

La referencia a uno de los hechos más dolorosos de nuestra historia reciente es obligatoria y se relaciona, a su vez, con las consecuencias sociales, políticas y económicas del estallido social de diciembre de 2001. Tanto la crisis como la tragedia en Cromañón no pueden ser pensadas por caminos distintos, ambas se funden de alguna manera en el ambiente del rock.

Benisz, docente e investigadora en Literatura y autora del capítulo “Sensualidad y Sara Hebe”, sostiene: “ambos acontecimientos, por momentos, parecen solaparse y ahora a la distancia las consecuencias de uno se mezclan con las del otro. En el libro quisimos remarcar el 2001 como eje temporal; ya sea porque observamos interrelaciones entre la música y los movimientos sociales, que el estallido en su momento había desplegado como esquirlas, o porque en la música se observa a veces cierta posición escapista o circunscripta a circuitos de entre-nos y eso también es una reacción al 2001. En ese sentido, nuestro libro se organiza por constelaciones y tópicos, como micro-escenas de la escena más general.”

Gregof, por su parte, comenta: “Luego de Cromañón los circuitos de circulación del rock se modificaron -restringieron, limitaron- y sus formas de producción y consumo visibilizaron que el rock, leído por muchos como como dispositivo de la industria cultural, estalló en su forma de consumo directo, experiencial, pero también en sus arquetipos del decir y hacer en y desde el rock como práctica social “de las grandes masas”. Chabán y Callejeros son sólo la punta del iceberg.” Y a continuación plantea una serie de preguntas interesantes para analizar lo ocurrido en ese fatídico diciembre de 2004: “¿Quiénes mueren en Cromañon? ¿Por qué mueren allí? ¿Qué hay allí, presente, del under? ¿Qué hay allí, presente, del mercado? ¿Qué hay allí del rock de acá?”.

Nuevas poéticas y ¿empoderamiento femenino? 

Quizá de la mano de los nuevos vientos feministas y de un contexto social que cuestiona los privilegios de pocos al tiempo que visibiliza las desigualdades de poder, es que algunas artistas y músicas han empezado a ocupar lugares centrales en un ámbito donde sus referentes exitosos eran varones cis- hétero. Podríamos incluso ir más allá y pensar qué de todos los sentidos machistas que circulan socialmente se han plasmado en las letras de muchos temas que seguramente habremos cantado a viva voz.

Carla Daniela Benisz lee a las artistas mujeres (tanto en la música como en el cine y en la literatura) en consonancia con el movimiento de mujeres que viene creciendo en las últimas décadas y fundamentalmente luego del año 2015 con la conformación del movimiento Ni una menos. Sara Hebe, quien según la autora “escribió lo que ahora es un himno del feminismo continental, Histórika” es tomada como puntapié para pensar en Chocolate Remix, Fémina o Las taradas. “Como actrices de su época sensibles a los acontecimientos, no pueden evitar las resonancias del momento en que viven. Y eso se ve en cómo sus letras despliegan formas disidentes del deseo. La sensualidad funcionó en este sentido como una amalgama entre ese deseo poetizado y su performance, que involucra baile y color como en las marchas del Orgullo o de los Encuentros de Mujeres.”

Benisz explica que analizó estas figuras desde una idea de un “Eros disidente” y en relación con formatos híbridos. Al respecto, detalla: “Las letras de ciertas artistas muestran concepciones alternativas del eros, algunas ambivalentes, algunas más certeras pero más cerradas, otras más ambiguas pero más poéticas. Y eso las hace interesante, más allá de ciertas ambivalencias, porque el deseo patriarcal ya viene siendo dicho desde hace 5 mil años, tiene poco nuevo que decir.”   

Ahora bien, ¿puede hablarse de una nueva sensualidad o de un empoderamiento femenino surgido en estas nuevas poéticas? Al respecto, la autora del capítulo “Sensualidad y Sara Hebe”, plantea sus cuestionamientos: “No sé si nueva o restos que emergen desde la oscuridad a la que fueron marginados, y eso va mucho más allá de las intenciones conscientes de las artistas. A mí la palabra “empoderamiento” no me gusta mucho porque no discute de fondo la jerarquía heredada. De todas formas, sí me parece que estamos aún en una instancia de lucha, de disputa de los sentidos. (…) Se podría decir que las poéticas que mencioné tienen como destellos de una sensibilidad à venir. Pero todavía estamos (me incluyo desde el margen de la crítica) ensayando cómo enunciarla.” 

Nancy Gregof también realiza un planteo que va más allá de la idea de “empoderamiento” y explica que las producciones realizadas con una mirada feminista en la última década ponen en foco y en perspectiva temas que han empezado a ocupar un lugar en la agenda pública y mediática (en parte), como las violencias, los abusos, la cosificación y la explotación de mujeres que son parte de una estructura patriarcal que se cuestiona pero aún no termina de caer. Al mismo tiempo, en estas poéticas aparece la posibilidad de encontrarse con una sensualidad propia.

“La apropiación de la sensualidad como motor  del goce y encuentro con el propio poder, desde el erotismo, es una de las perspectivas posibles para entrar al placer -y en el ser en el placer- desde un lugar no hegemónico, disruptivo y no meramente hétero-comercial, por lo que creo que hay muchas y diversas producciones que podríamos contemplar en esta lectura, como la de Sara Hebe,” sostiene. 

Las producciones artísticas desde una mirada feminista

Uno de los planteos interesantes que realiza Carla Benisz es el de pensar que no solo el rock es machista sino que es parte de una cultura popular que tiene esa característica y a la cual también pertenecen el bolero, la cumbia y el tango, con sus propias improntas machistas. “Claro que el rock le agrega el endiosamiento de la figura del rocker reproducida ad infinitum con toda la fuerza de la maquinaria comunicacional de la cultura pop. El rock’n roll star erotiza su posición dominante (en el escenario, porque fuera de él es un mortal más) y construye una concepción del deseo muy jerárquica y hasta violenta”, explica.

Nancy Gregof, por su parte, sostiene que es necesario darle el parte de defunción al término “rock nacional”, porque gran parte de la lectura machista está anclada en este nacionalismo rancio y heteronormado”. Y explica que en los ensayos del libro han trabajado con las obras como construcciones discursivas, no con las biografías de los músicos, es decir, colocando la mirada sobre las producciones artísticas y ahí precisamente es donde “necesitamos seguir indagando con una mirada crítica, afilada, feminista, pero sobre todo, interseccional. (…) Una perspectiva feminista no trata de ocupar lugares que otros han ocupado para poder detentar un poder que, sabemos, se ejerce en la ausencia de crítica, en la adulación abyecta y en la aceptación pasiva. En este sentido, ir hacia las producciones, insistir en la interseccionalidad, abolir la distinción de género y señalar, abordar y circular producciones artísticas es un primer paso. Seguir sosteniendo una distinción genérica binaria sobre cualquier poiesis artística cercena nuestra posibilidad de acceder críticamente a las propuestas ideológicas y estéticas que cada poética propone.” 

Nuevas figuras que han emergido y ocupado un lugar en la industria musical, otras poéticas que plantean una hibridación de géneros y condiciones de producción y de consumo propias del siglo XXI parecen marcar el rumbo de un campo musical que está reescribiendo su propia historia al ritmo vertiginoso de los tiempos que corren.

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