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02/06/2020

Sebastián Wainraich. Casi feliz

Wainraich estuvo de estreno en plena en cuarentena. El conductor radial que lleva más de veinte años al frente del programa de radio Metro y Medio, volvió a la escritura. En compañía del director y guionista Hernán Guerschuny, fue el responsable del guion que desembocó en la serie Casi Feliz, que Netflix puso en pantalla a principios de mayo. En medio de una repercusión inusitada en varias países del mundo, se hace un rato para charlar con G7.

Wainraich

Wainraich

A Wainraich se lo puede asociar con dos cosas: Atlanta y la radio. Pero pensarlo así sería estar en falta con su labor como guionista. Si bien es cierto que a su mundo lo atañe por completo el universo que se transmite por el éter, también hay que destacar su virtud para la escritura y mencionar que de su lapicera salieron libros (Estoy cansado de mí y otros cuentos, 2005 y Ser feliz me da vergüenza y otros cuentos, 2008), libretos para monólogos, otro tanto para teatro, la película Una noche de amor (2016) y la flamante serie Casi Feliz, que estrenó Netflix justo el día del trabajador. Este último trabajo, realizado en conjunto con el cineasta Hernán Guerschuny, fue de lo más visto en la plataforma audiovisual de la N roja y estuvo bien considerada por la crítica. La primera temporada consta de diez capítulos y es posible que haya una segunda temporada.

“La repercusión es tremenda y sobre todo muy positiva. Esperábamos algo de eso por lo que significa Netflix y porque salía en esta época, pero no nos imaginábamos que fuera tanto y tan buena. A nosotros nos gusta mucho como está la serie y estamos orgullosos de ella”, dice un Wainraich exultante del otro lado del teléfono. Este conductor de 46 años, nacido en Villa Crespo, empezó a adquirir popularidad cuando le tocó conducir TVR (habían llegado a tener 20 puntos de raiting) y siguió cosechando admiradores cuando arribó a la emisora radial Metro 95.1 y puso en marcha su programa Metro y Medio junto a Julieta Pink. Pero con Casi Feliz alcanzó niveles de prensa impensados. “Salió una nota en El País de Madrid. Llegan mensajes de todas partes del mundo. El otro día estuve chateando con un chico de la India”, cuenta sorprendido.

Algunos segundos de silencio valieron para que detallara como es que gracias a la serie llegó a conectarse con alguien de tan lejos. “Cada dos días me meto a ver los mensajes privados de Instagram y trato de contestar. Cuando vi a este pibe, vi que era de India y le contesté. Soy un animal con el inglés pero me las arreglé como pude “, detalla dejando escapar una risa cómplice de esa argentinidad que muchas veces se aprecia en alguno de los remates de sus monólogos. “Me contó que vive en una gran ciudad, que de Argentina solo conocía el fútbol: (Leonel) Messi, (Sergio) Agüero, (Ángel) Di María. Que le gustó mucho la serie, que le gustó ver Buenos Aires en la tele y que se sintió identificado con algunas partes”, añade.

En lo que respecta a la trama de la serie, el personaje llamado Sebastián (que precisamente es el que representa Wainraich), es conductor de un programa de radio al que le va medianamente bien y en el que se da el gusto de entrevistar a Paul McCartney. En ese escenario Sebastián parece pleno, el problema es cuando se va de ahí y tiene que enfrentar una vida que lo encuentra separado de su mujer, de la cual sigue enamorado, y al frente de una paternidad de dos hijos que prácticamente no lo respetan. En medio de esa separación no resuelta, se suma un hermano que se fue a vivir lejos, una confusión de sentimientos destinados a morirse en silencio y amores del pasado que vuelven a aparecer.

“Los personajes de la serie, sobre todo el que hace Natalie (Pérez) y el que me toca a mí, tienen sentimientos que cualquier adulto puede tener. Sentimientos de celos, de confusión con respecto al amor, con respecto al trabajo, con respecto a los vínculos. Me escribió mucha gente separada por estos días y me cuentan sus casos de separación o de que se volvieron a encontrar con sus ex”, dice.

A este drama se le cuela la comedia, algo que parece ser una marca registrada en el conductor radial, y las escenas, a pesar de develar puntos claves de una personalidad que se disputa entre la fama y la intimidad, el ego y el alma, la expresividad y la economía sentimental, terminan dejándole un lugar importante a la risa. “Tengo un funcionamiento natural, que puede que sea un método de defensa, en el que muchas cosas de la vida me las imagino en ficción o me las imagino en una situación de radio, y por lo general siempre están orientados a la comedia”.

A caballo de influencias humorísticas que pueden ir de Monty Python a su versión más actual de la mano de Ricky Gervais, en la vida de Wainraich la comedia ocupa un lugar central. “El humor es para combatir la angustia, las tragedias, para olvidarnos que nos vamos a morir y sobre todo para aliviarnos de los problemas. Tengo tal problema, no lo puedo resolver, me río. Ya está. Ese el alivio. Y como espectador, también es un alivio, porque uno ve que alguien lo está haciendo. Veo un actor, una obra, una película, donde se están riendo de eso que me angustia. Es una forma de acompañarlo”, reflexiona, mientras se prepara para un nuevo programa de radio desde su casa y ansía la llegada del fin de semana para hacer el asado familiar (esposa e hijo) que ya se volvió una costumbre de su cuarentena.  

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