“La escena siempre resiste”

“La casa oscura” es una obra teatral que se define como un show documental sobre la salud mental, en la que sus performers, Mariela Asensio y Maruja Bustamante, hablan de sus experiencias en primera persona. Conversamos con ellas y la directora del espectáculo, Paola Luttini, acerca del humor, de la tensión entre realidad y ficción y de la intrépida aventura de ponerse en riesgo.

La Casa Oscura

¿Cómo surge “La casa oscura”? Y cómo fue esa invitación a hacerlo juntas?

MA: En un proceso terapéutico en el que estaba en 2019, me di cuenta que atravesaba algunas cuestiones obsesivas compulsivas concretas, que tienen un nombre, un diagnóstico y un tratamiento y de pronto empecé a entender que esas cosas, con las que había convivido toda la vida y que me eran difíciles de organizar en mi propia existencia, no me pasaban solo a mí. Había otra gente a la que también le sucedían y había caminos para estar mejor. Mientras transitaba eso pensé que tenía que volverlo teatro. Llamé a Paola que es una amiga de muchos años pero, además, una artista tremenda, para continuar pensando el proyecto. Y otro día, estábamos chateando con Maruja acerca de lo que me pasaba a mí y de lo que le pasaba a ella y dijimos: hagamoslo juntas. Este año estamos cumpliendo 20 años de conocernos con Maruja y sentimos que llegó la obra que nos une en el escenario. Así encaramos un proceso bastante singular porque al ser un espectáculo biodramático tiene muchos elementos de nuestra propia vida y, en ese sentido, es muy movilizante.

¿Cómo escribieron la obra? ¿Fue una dramaturgia colectiva?

MB: Fue un proceso de creación bastante largo que tomó muchas formas alternando con búsquedas desde la virtualidad y la presencialidad. Nos juntábamos a escribir y un poco, también, escribía cada una por su lado. Después los probábamos en los ensayos y conversábamos acerca de cómo estructurarlo. Tal vez, las obras documentales arrancan desde otros lugares: una imagen, un documento, un testimonio, un archivo. Como procedimiento, planteabamos situaciones concretas, por ejemplo, la primera vez que Mariela fue a la psiquiatra, y con eso trabajábamos la escena.

¿Cómo fue el proceso de ensayo? ¿Qué pudieron rescatar del trabajo realizado de forma virtual? 

PL: Primero planteamos un laboratorio más experimental donde yo las iba guiando con ejercicios para que ellas tengan disparadores a la hora de escribir e improvisar. Después tuvimos sólo dos ensayos presenciales y nos agarró la pandemia con el asilamiento. Intentamos continuar con ese material trabajando a través de Zoom pero la verdad fue difícil, había algo que no fluía. Les propuse, entonces, hacer un ejercicio por whatsapp en el que les ofrecía consignas y ellas escribían por ahí. Probamos varias cosas. Cuando las reuniones de pocas personas fueron permitidas y todo se abrió un poco, decidimos juntarnos en casa y ver qué pasaba frente a frente. Ahí algo retomó fuerza. Sin embargo, no sabíamos exactamente cuándo iba a volver el teatro, y el deseo por concretar el proyecto nos llevó a ensayar escenas para ser filmadas. Me di cuenta que ganaba mucho el testimonio a través de la cámara y apareció algo cinematográfico que me alusinó. Luego, en los ensayos de sala, recuperé todo ese trabajo y fusioné ambas cosas en la puesta: el teatro presencial pero con el recurso de un dispositivo escénico que es muy principal en la obra y que es la pantalla. Como directora, creo que la puesta en escena ganó elementos de la virtualidad poniéndolos dentro del hecho artístico presencial.

¿Por qué, entonces, el espacio teatro para dar luz a este tema?

MA: Siempre que imaginé este proyecto lo ví como algo escénico. Me parecía clave compartirlo con otras personas que están con el cuerpo presente, con todos los sentidos ahí y las respiraciones sonando.

MB: Las dos reconcemos que el teatro salvó nuestra existencia de alguna forma. A mí el teatro me salvó la adolescencia, me salvó la juventud, me sacó de lugares oscuros, me dio muchas posibilidades. Además, nosotras nos conocimos haciendo teatro entonces la idea fue juntarnos y ayudarnos a través de lo que sabemos hacer. Creo que hace sentido. Y pienso que “la casa oscura” también es el teatro.

MA: Agrego a esto que dice Maru, que hay algo político de estar ahí presentes poniéndole el cuerpo. Siento que estamos ahí, las dos, hablando en primera persona juntas y expuestas, sin filtros. Eso tiene algo del orden de lo político desde el discurso y también desde donde se planta uno a decir algo, por ejemplo, en relación a este tema de la salud mental.

Como actrices que tienen mucha trayectoria y oficio, ¿donde sienten que se ponen más en riesgo con esta propuesta?

MA: Sencillamente en el acto de hablar en primera persona, hablar de mi propias cuestiones, eso inevitablemente me pone en una posición distinta en relación a otras obras. Estoy actuando pero no estoy actuando. Es un híbrido. No sé bien qué soy. Los límites están corridos totalmente. Ese lugar difuso es para mí, el mayor riesgo.

MB: Yo ya hice documental, hablando en primera persona, es verdad que siempre es el lugar más riesgoso porque te atraviesa de lleno. A la vez, es una obra que necesita mucha precisión: se prende una luz, aparece un video, hay que cantar, después hay que correr a cambiarse, eso también representa un riesgo para mí.

MA: Nos emocionamos con relatos que son propios pero…

MB: …¡pero sabés que tenés cincuenta segundos de emoción y después hay que seguir!

[Todas ríen]

PL: La dirección implicó algo de contensión porque son cuestiones delicadas que abren un montón de cosas, temas muy propios y profundos, pero creo que nos hicimos muy bien entre las tres. El proceso fue tan difícil y desafiante como gratificante.

Es una obra que utiliza mucho el humor, ¿cómo se construyen esas zonas a la hora de abordar un tema tan sensible y tabú como la salud mental?

PL: Podríamos decir que el humor es el gen del proyecto. Ellas tienen muchísimo humor y es muy geniuno. Cuando leí el texto dije: es tremendo, es profundo, es conmovedor y es muy gracioso también. Queremos iluminar un tema del que no se habla tanto en el teatro y tratarlo desde el humor porque genera más empatía e identificación. Son cuestiones que nos atraviesan a todos y el humor es un aliado a la hora de generar más cercanía. Todo lo encaramos desde la verdad. A las chicas les digo que confíen que eso que dicen genera risa y emoción. Y después, también aparece cierto humor desde una puesta dinámica apelando a algunos recursos, sin caer en la parodia de un show pero a la vez sí, jugando con esas contra-posiciones.

¿Cómo ven la escena actual?

MA: Yo soy super optimista, con todas las dificultades que hay, con todos los pro y los contras, lo que pasa en términos teatrales es increíble. Ahora está resurgiendo y se están re-estrenando un montón de obras porque no sólo hay mucha gente haciendo teatro sino también hay otro montón que están yendo a ver teatro. Eso me maravilla, me da una paz, una alegría y una esperanza. Como docente veo que están cambiando los paradigmas y me hace sentir muy privilegiada poder crear en esta coyuntura.

MB: Para mí la escena siempre resiste, puede mutar, puede buscar su lugar, tal vez no se encontrará siempre en el espacio teatro pero va a resistir. Siento que el espacio teatro a veces se pone un poco conservador pero hay otro más alternativo que no necesariamente está dentro de una sala y que se está expandiendo con mucha fuerza. En ese sentido, El Galpón de Guevara está recibiendo a muchos jóvenes interesantes. También hay un híbrido que está sucediendo actualmente y es que la gente de artes visuales quiere hacer performance y se están uniendo a la escena. Entonces, la escena y el arte visual está generando perfos en la calle, están sucediendo propuestas muy atractivas. Creo que en la escena siempre hay una zona de investigación y lo veo en alumnes, en conocides, en gente más joven y de mi generación que se interesan por eso.

¿Cómo creen que el feminismo atraviesa su práctica artística?

MA: Siento que nos estamos organizando. Hace 10 años atrás, estábamos más dispersas, disociadas, por ahí nos encontrábamos con Maruja a debatiendo en mesas y encuentros y todo era más difícil. Ahora, y en general, estamos más organizadas aún en nuestras diferencias.

MB: Los femismos están siempre detrás de lo que hacemos. Lo que está bueno es que nos estamos pensando todo el tiempo y que hay espacio para ese pensamiento. Que haya ese lugar para revisar, de-construir y que el pensamiento no se quede anquilosado, es lo mejor que nos puede pasar.

¿Qué desean que le pase a la obra?

PL: Deseo que la vea todo el mundo. Creo que es una obra necesaria y espero que la gente que venga a verla se lleve algo. Yo lo puedo decir porque la obra la escribieron ellas, pero no es una obra más, están hablando de cuestiones relevantes especialmente en este mundo en el que vivimos. Creemos que con el teatro te tienen que suceder cosas, y si eso pasa, para nosotras, la misión está cumplida.

Fotos: MutuverríaPR