:: PERSONAJES
19/10/2016

Erika Halvorsen: “¡Que bueno tomarte un avión y terminar estrolada contra una pared de azulejos con el tipo que te gusta!”

Acostumbrada a trabajar, de alguna forma, en el anonimato, Erika Halvorsen atraviesa una experiencia totalmente nueva. El Hilo Rojo, libro de su autoría, tomó un vuelo impensado, y permitió que ocurriera algo extraño, mágico que, además de construir un camino de autoconocimiento, la llevó al centro de la imagen.

Erika Halvorsen

Erika Halvorsen

¿Cómo fueron las repercusiones del libro?
A la semana ya estaba en el ranking de los más vendidos. Claramente es porque se instaló el concepto, la leyenda de El Hilo Rojo, no es que la gente estaba esperando que yo sacara un libro ni mucho menos. Pero bueno, el libro tomó un vuelo que no me pertenece, ocurrió algo extraño, mágico, no sé. Lo que me pasa con esto es que siento que es algo totalmente nuevo, acá se ve mi cara, mi nombre. Al escribir teatro o tele, al trabajar con actores muy reconocidos, yo no daba notas, a nadie le importaba lo que tuviera para decir yo abajo del escenario. Mis obras hablaban por mí y las entrevistas eran para los actores. Sigo prefiriendo que mi trabajo hable por mí pero estoy aprendiendo a dar cuenta de mi propio proceso.

¿Qué es lo que más te sorprende de esta repercusión?
Me gusta mucho la relación con los lectores. Me escriben un montón por las redes sociales, me mandan la foto de la tapa, muchas mujeres se sienten identificadas. Es como que el tema se instaló, el deseo, todo el contenido del libro. Me parece que el libro viene a mostrar algo que está pasando y que está bueno hablarlo, que tiene que ver con el deseo de la mujer, que es algo nuevo. No hace muchos años que se empezó a hablar de la mujer que tiene sexo por placer, el placer en la sexualidad femenina es bastante nuevo gracias a la creación de métodos anticonceptivos, entonces tenemos muchas cosas heredadas de épocas donde no existía esa posibilidad y que está bueno desmontarlas porque ahora nosotras tenemos la herramienta…

¿Qué buscabas con el libro?
Busqué lo mismo que siempre: contar una historia. Con respecto al tono, al lenguaje no busqué nada en particular. Tenía que narrar una relación sexual en detalle, y a veces comparan el libro con Las 50 sombras de Grey. La verdad que no lo leí en detalle, sé más o menos de que va, pero es sadomasoquismo, en cambio, en El Hilo Rojo no hay nada nuevo, no hay animales, no hay terceros, no hay objetos, no hay nada raro, es un hombre y una mujer en una cama y hacen las cosas que hace cualquiera en ella y dicen las palabras que se usan en ese espacio de intimidad. El lenguaje puede parecer llano pero hay que liberarse y decir las cosas por su nombre, y me parece que el espacio de intimidad que implica la lectura habilita que uno hable así y con ese nivel de detalle.
Cuando escribo una escena de sexo para la pantalla, la cuento en general, doy el ámbito, el estado de los personajes pero luego la construyen los actores y el director, es más de puesta. En un libro el lector necesita los detalles y yo disfruto mucho brindándoselos. Cuando lo estaba leyendo en la prueba antes de imprimir, dije ¡GUAU! ¿Ésto va a leer la gente con mi nombre…? (Risas) Mis hermanos varones no lo leyeron jamás.

¿Cómo llevaste esta repercusión? ¿Te gustó?
La verdad que sí, porque empecé a ver cómo mucha gente se interesaba, se ponía el tema en el tapete, más allá del libro, hablemos del deseo, ¿qué pasa cuando anestesias el deseo? Acá ninguno de los dos protagonistas fue a buscar meterle los cuernos a sus parejas, ninguno quiso ser infiel, fue algo que los pasó por encima. Lo que veo con las lectoras es que en el fondo todas desean que les pase eso, o sea, no van a salir a buscar un tipo, pero decís: “¡Que bueno tomarte un avión y terminar estrolada contra una pared de azulejos con el tipo que te gusta!”. Acá va más allá de una infidelidad. No sé si ellos tienen que estar juntos, digo, el Hilo Rojo es una imagen y ellos se tenían que encontrar, ahora si tienen que seguir juntos para toda la vida, eso es otra historia.

Todo esto que me contás… ¿te diste cuenta de que lo sentías antes o después de escribir el libro?
Todo esto me lo fueron enseñando los personajes, quizás por eso terminé separándome de mi novio cuando terminé de corregir el libro (risas). Cuando lo escribí era una historia muy ajena, pero algo me pasó luego, me identifiqué, los entendía, para mí fue un ejercicio ponerme en la piel del varón, tratando de pensar la situación, porque el libro está contado a dos voces. Y me encantó ponerme desde el lado masculino. Igual me identifiqué más con Abril. Pero ahora, cuando lo releía en la prueba de impresión, me di cuenta de muchas cosas, cuánto mío había puesto ahí y todo lo que el libro me estaba enseñando, mostrando y bueno… antes de que salga el libro, me separé. No es fácil a veces tomar decisiones, pero cuando alguien está conectado con la creación es muy difícil dejar de ver cuando la obra te está mostrando algo, es difícil mirar para otro lado.


Fotos: Philippe Caillon

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