¿De quién es la culpa?

Esta pandemia causada por un virus diminuto que ha saltado del reino animal nos recuerda que siempre, desde la época de las cavernas, hemos tenido una relación de amor y temor con la naturaleza. Ahí ha estado nuestra fuente de vida y belleza, pero también de horror y muerte. Y ahí hemos ubicado a nuestros fantasmas, esos osos y lobos de los cuentos infantiles que vienen a devorarnos o chuparnos la sangre, como los vampiros. Quizás por nuestra culpa, por nuestra soberbia hemos provocado que una infección sea omnipresente.

El hombre disimulado y acongojado en el dibujo, junto a la mujer que desfallece, se pregunta: ¿De quién es la culpa? ¿De su imaginación? ¿De una sociedad que agrede constantemente al medioambiente? ¿O es un gesto fugaz y banal de una naturaleza que estuvo antes y seguirá después de nosotros y a la que le importamos muy poco?


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