::COLUMNA
13/09/2017

Crónicas mentales: los comentarios

Escribimos opiniones en cientos de plataformas virtuales. Decimos lo que queremos con total impunidad sin nada que funcione en nuestro cerebro como un activador del sentido común. No tenemos ganas de pensar antes de hablar. El sin filtro está de moda.

Crónicas mentales, por Luciano Zampa.

Crónicas mentales, por Luciano Zampa.

Todavía recuerdo cuando allá por 2006 me decían en la redacción de un incipiente diario online que los comentarios -los famosos comentarios de los lectores- iban a permitir aportar su mirada aguda, su opinión y su crítica a cada nota publicada en el mundo de las tres w.

Je.

Todavía me río. Nunca jamás ocurrió. Sí todo lo contrario. Los comentarios de los sitios de noticias virtuales fueron, son y serán -siempre, claro, hablando de Argentina- una catarata de insultos y chicanas con cuestiones políticas que muy pocas veces tienen algo que ver con el tema publicado en sí.

Es la versión virtual, triste y anónima -por la impunidad que provoca estar del otro lado de una pantalla- del viejo bar del club de barrio a las siete de la tarde que entre picada y aperitivos se pasaban las horas en medio de discusiones políticas y deportivas, casi todas sin sentido.

Lo mismo ocurre con algunas redes sociales. En Twitter, por ejemplo, sólo pueden rescatarse al día de hoy apenas dos cosas: el humor ante un hecho o noticia determinada memes, por mencionar lo más comentado- y las primicias que algunos medios de comunicación arrojan primero en 140 caracteres antes que en sus respectivos portales. Y eso que Twitter, para nosotros, es un micromundo en caída libre.

Es que amamos opinar, discutir, arrojar teorías interplanetarias para resolver los más extraños casos policiales del barrio. Siempre lo hicimos. Sólo que ahora lo volcamos para cientos, miles y millones de personas mientras que antes era apenas una charla que empezaba en el almacén para expandirse, como mucho, a unas pocas cuadras a la
redonda.

No cambiaron las costumbre más profundas. Sí las formas y plataformas. Pero nosotros no. Y en parte, ése es el problema: comentar sin nada para decir.

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